viernes, 31 de agosto de 2012

Ponte la cinta en el pelo

Ponte la cinta en el pelo, aquella de seda rosa, y en los dedos los anillos a juego con las ajorcas que llevabas aquel día cuando fuimos a una boda aquella tarde de mayo en que no apareció novia y la madrina y su hijo y sus hermanas y todas las tías y las abuelas proclamaron que en qué hora se les cruzó en el camino una chica con tan poca decencia y tanta frescura y una cabeza tan loca.

Ponte la cinta en el pelo, aquella de seda rosa, la que solías llevar cuando caminando tan garbosa te paseabas por la feria y montabas en la noria y tomabas limonada y te reías de las cosas que decían unos y otros hablando de otras personas que pasaban por al lado presumiendo de graciosas y creyéndose más listas y más guapas y dichosas que esa chica de la cinta del pelo de color rosa.

Ponte la cinta en el pelo, aquella de seda rosa, y el collar de perlas falsas y la blusa de viscosa y el cinturón y la falda que te estaba un poco corta pero a ti no te importaba porque tú pensaste siempre que por qué iban a mirarte a ti los chicos si otras eran mucho más simpáticas y sabían bailar y todas sin excepción ni prejuicios  nadar y guardar la ropa y alguna carta en la manga y, sobre todo, las formas.

Ponte la cinta en el pelo, aquella de seda rosa, aquella que tú bien sabes que no te pusiste nunca tan temerosa que fuiste siempre y siempre tan medrosa de que pudiera decirse que si imaginabas cosas que no pasaban siquiera por las cabezas de otras que bastante más bonitas y de largo más graciosas no dejaron  que las viesen dejar como tu dejaste a la madrina y su hijo compuestos y sin la novia.



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