domingo, 18 de noviembre de 2012

Texto 4.17

Publicado por  el nov 18, 2012 en Prólogo a la carta número cuatro. Herencias |

4.17 “Estar alerta para no tener esclavos psicológicos y evitar confundir el afecto con la sumisión son obligaciones primordiales en la búsqueda de una identidad superior”.

Oda a la libertad de expresión

Señora sentada en un parque
Tres por cuatro,  doce lunas,  veinticuatro medias noches, cuarenta y ocho las horas de dos días y los primores como guardan en sus manos,  pequeñitas,  los relojes, que marcan midiendo el tiempo desvelado del insomne que despertará sabiendo que mientras la vida ronde la muerte tendrá perdida la partida en que el redoble de tambores que se alejan dejando en el horizonte el batir de alas truncadas y arrancadas de sus goznes las bisagras que dan juego con ventaja y sin mandoble a los goces de maltrechos malhadados estertores que se escapan cual malquistos despreciables malhechores que no hicieron otra cosa que mal echar por la borda qué hubo de bueno algún día en los idiotas que adoran a dioses que sólo quieren que nada les haga sombra que oscurezca las virtudes de un hacer que no les honra más allá de la espesura que se expande y que desborda los límites de las lindes de lindezas con que exornan la exhortación a dar pábulo, por fuerza y en mala hora,  a qué dijeron las voces de los proscritos que ahogan en silencio las verdades que a sus gargantas afloran sentenciadas a ser muertas si osan salir de las bocas.

Nota: Se recomienda leer en voz alta y tono desgarrado y gestos acordes con el tono, a ser posible con público.
Si no se dispusiera de público o no se contara con ganas o con dotes para el desmelene puede acudirse al recurso de recitarla a ritmo de rap - versión aquí - y tomar luego una aspirina o cualquier otro analgésico, ya que un poquito dolor de cabeza sí que levanta.

jueves, 8 de noviembre de 2012

08/11/2012/19:09

– Que siempre soy tan tajante — Dice, a continuación de algo a lo que no atendí.
– A mí me parece que no lo soy  tanto. Las personas verdaderamente tajantes — sigue — no consienten ni la cuarta parte de tomaduras de pelo.
Y que, por otra parte,  las personas tajantes tienen una especie de don, de estrella, que de algún modo alerta a todo el que se les acerca no importa con qué intención de que no están dispuestas a…
Bueno. No importa. Tú no tienes nada que ver con estas cosas. El problema es únicamente suyo y mío y, como acontecimiento a destacar, que encontró la grapadora. Después de tantos días. Se había deslizado por el asiento de un sillón.
Sí, a continuación. Pensé que había olvidado decir algo. Pero ahí estaba, sorprendiéndome.
Tendrías que hacerle un poco más de caso. Siente, dice, abandono.
Le digo que son bobadas suyas;  mientras, estoy pensando en cualquier otra cosa.
No; no sé nada de eso. La política y los políticos me cansan y ya…  La conecto, sí, y la radio también, pero se quedan ahí de fondo, como en sordina. Si alguien me preguntara qué están diciendo no sabría responder.
Pasa con todo, ¿verdad?  Cuando las mismas frases y los mismos argumentos suenan tantas veces tan igual de falsos y cansinos se cierra ahí, en algún lugar de la cabeza,  algo como una puerta que no deja que entre ni un embuste más.
¡Promesas!
Y eso que habrá, seguro, quien crea en ellas. Quien haya visto cumplida alguna que se le hiciera alguna vez.
Vaya, lo siento. De haberlo sabido habría esperado un rato más. Pero lo cierto es que ni se me pasó por la imaginación; quizás pensé que no era el día adecuado.
Entra por favor, cuando llegues, las plantas de la terraza. Pensé que la lluvia les haría bien pero durante la noche será mejor, supongo, que estén resguardadas.
Pues si no te molesta le daré por si le apetece el mismo hasta que termine con los otros tres. Y luego le ofreceré el derecho. Entonces tendrás unos mitones, nuevos, cuando tenías unos guantes viejos. Creo que se utilizan para conducir.
Si ves que me retraso vete a dormir.


Cara de mujer

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Vuelta de tuerca


Una vuelta más de tuerca a la rueda del molino que al cuello llevan colgada tantos necios y mezquinos como ruedan por el mundo dando tumbos y sin tino buscando sólo polémica e incordiar y dejar prestas las marcas de una arrogancia que ponderan su soberbia  y la amargura biliosa amarillenta y podrida que destilan las palabras que vierten, como detritus, emponzoñado y nocivo  sobre cuanto no acomoda a sus criterios malquistos ni a su intención muy torcida.

Una vuelta más de tuerca y un nuevo viejo camino que lleva a ninguna parte que no sea el viciado sitio de rencores y rencillas y de frustración airada contra todo y contra todas las criaturas de que estiman que les hurtaron, quién sabe, gozar de un protagonismo que ni supieron ganarse ni entienden por merecido por más que se desesperen queriendo obviar que mendigan lo que clamando por suyo proclama apenas su envidia.

Una vuelta más de tuerca a la embestida cansina que se demora en el nido ponzoñoso de la inquina que los mueve a debatirse, retorcerse y dar la vida,  por morir si es necesario revolcándose en la indigna verbosidad repugnante que de sus almas destila un odio que no conoce más freno ni otra doctrina que la animosidad turbia, ponzoñosa y aguerrida, que los va debilitando y anegando sus sentidos hasta lograr anularlos y dejarlos reducidos  a no más que qué otra cosa que piltrafas resentidas.

Una vuelta más de tuerca y otro volver a las mismas por las que una vez tras otra siempre al mismo son transita la querencia a no rendirse ni admitir que no está escrita en la frente de los ruines ni en las páginas del libro de los muertos aun en vida la letra de ningún cántico que ni glose ni bendiga ni ensalce la mala sangre y la muy grande estulticia que adorna a los lenguaraces que vanidosos porfían sin ton ni son ni más norte que el perseguir a porfía una gracia que no alcanzan porque su vileza esquiva.


Mandala (22)

martes, 6 de noviembre de 2012

06/11/2012/19:18

Mira


Pues no, claro que no me los he inventado yo. Los he copiado de aquí: http://www.emoticonos.biz/paginacion51.htm
Hay muchos y son gratis.


Bueno, ya vale de hacer el tonto, ¿no crees?
Y en cuanto a las notitas, hoy, lo siento, no hay respuesta.
¿Podrás soportarlo?
Venga. Anímate que mañana será otro día. Es sólo que hoy me he tomado vacaciones.
Riega tú, por favor, las plantas...
Bueno, la verdad es que el cajón de las cucharas se ha atascado. El mango del cucharón grande está como de punta y enredado con algo; y no puedo abrirlo.
No tenía tiempo de andar trasteando porque llegaba tarde a eso que te dije del Palace y la presentación del libro de la crisis de ese periodista de la radio con gafas. A la noche probaré a ver si hurgando con una aguja de punto.
Espero que no fuera nada urgente, ¿verdad?
Si mañana ves que sigue atascado pégalas por favor en la pantalla del televisor.
Hoy ya se le había pasado y vuelven a ser uña y carne.
¿Pues no te dije que no? Ni muertos ni heridos. Sólo según cuenta daños materiales.
Mira, las siete y veinte casi.
Ah, casi se me olvida. Había un mensaje en el contestador en un idioma rarísimo. De fondo se oía algo parecido al barritar de un elefante. Bueno, qué tontería, un barritar es de elefante siempre...
O podía ser un loro; dicen que pueden imitar cualquier tipo de voces.

lunes, 5 de noviembre de 2012

05/11/2012/20:16


Dice que interpreté mal sus palabras y también los silencios. Argumenta que lo que se interpreta de qué dice otro es una especie de réplica vista en un espejo de lo que uno mismo interpretaría. Pero (y se ríe) que no hay que olvidar que el espejo devuelve siempre la imagen invertida.
¿No es un poquito escalofriante? Saber que uno se mira y está ahí, enfrente de sí mismo, y que nunca, jamás, podrá verse como de verdad es.
Y que puedes preguntar a otros — dice también —,  los que te ven desde fuera, pero que lo que te cuenten siempre será su versión de ti.
Luego cambia de tema y en tono cordial se interesa por qué tal resultó lo de ayer; la cita y todo eso.
Pero sé, conozco bien las inflexiones de su voz, que lo hace por pura cortesía. Así que le digo que regular, en el convencimiento que si le dijera la verdad le molestaría. Es inteligente, pero demasiado… Vaya, no encuentro la palabra. Demasiado pendiente de recoger velas cuando teme haberse excedido.
Ya te dije que no era idéntico ¿Pero hay de verdad quien vaya por el mundo fijándose en cuantos agujeros tiene un botón?
Y  te avisé de que en el espejo del baño no dejaras notitas; que se desprenden con el vaho ¿Para qué me habría tomado entonces la molestia de acordarme del azúcar?
Y si es por no desperdiciarlas siempre tendrán utilidad. En atención a tu sentido de lo práctico se pueden aprovechar para etiquetar las cajas apiladas en los altillos, que tal y como están nunca se sabe qué hay dentro ¿No sería una buena idea?
Pero a ti no se te ocurre. Cuando destapas una y te encuentras algo que antaño tuvo su para qué y después fue arrumbado te entra una especie de morriña cansina; pero a la hora de poner los medios siempre lo dejas para otro momento o al criterio de otro…
Ya me he dado cuenta. Tendré que ir a que le miren la boca.
En el cajón que dices hay muchos catálogos, pero el que entiendo que quieres no lo veo. Y el presupuesto del tejado de la casa de los abuelos. Da risa hoy ver esas cantidades… ¡y en pesetas!
Baja las persianas. A las horas que son ya no hay luz del día que aprovechar.
Pues claro ¡Qué cosas se te ocurren!
Ah. Que han discutido. Por naderías como siempre… Imagino. Me lo contará cuando se le pase. Le quitaría algo o se pondría algo suyo.


Señora con maleta

viernes, 2 de noviembre de 2012

02/11/2012/18:02


Mejor que “decirle que”, como dejaste indicado, he preferido leerle la nota tal como la has escrito. Me ha parecido que era la forma de quedarme más al margen.  Cuando uno repite lo que otro ha dicho puede incurrir en inexactitudes que confundan; y siendo el tema tan delicado no he querido correr el riesgo de que eso ocurriera.
Pasaron unos instantes sin que pronunciase una sola palabra. Pregunté por eso si me había escuchado y dijo que perfectamente. Luego me pareció que suspiraba y, tras otro silencio, dijo que no le parecía extraño; que era algo que se veía venir desde hacía tiempo.
Quizás tirando un poco de la alfombra hacia la parte de abajo. Ahí encima y contra la puerta se podría colocar una de esas cajas con libros que nunca se tiran, así la puerta (y la caja) ya no se deslizarían, o no como sobre la baldosa por lo menos. Claro que habría que apartarla con el pie cada vez¸ un poco latoso pero una persona tiene siempre más fuerza. Así no se metería…
¿O es una solución estrafalaria?
Habrá que seguir pensando o sacar todo de ahí. Pero si no ve qué destrozar ya no le llamará la atención. Supongo que es su naturaleza. Hoy los flecos de una bufanda.
Tampoco yo me aclaro con ese teclado. El anterior era más fácil o le tenía yo cogido el tranquillo. Pero no importa, basta que me acuerde de restar una. Pero la alarma suena a las 11:37 y no sé quitarla.
Temprano. Lleva días regresando temprano. Puede que haya empezado a no estar a gusto. Sabes que se obstina mucho en un primer momento pero que se cansa pronto de todo. Pone demasiadas esperanzas, siempre, en todo lo nuevo; y no escarmienta de que nada es de verdad del todo nuevo sino versión remozada de algo viejo…
Como aquí


Porque pasó a denominársela...


Es claro que vi la nota donde te dejé dicho, pero no retiraste la que era para ti. No me gusta que me hagas esas cosas. La arrugué y la tiré.
Yo también. 
Se me volvía a olvidar; lo encontrarás en el dado que lleva su número. Si te fijaras un poco no tendría una que llevar tanto en la cabeza.

jueves, 1 de noviembre de 2012

01/11/2012/22:06

Fragmentos de leyendas
¿Hay acaso algo que no lo sea?
Un sábado,  en el restaurante hará tres, o cuatro semanas.  Aquella pareja entrada en años, bien vestidos incluso elegantes. El señor con traje gris y encorbatado y la señora con una boinita blanca, ¿te acuerdas?
No intercambiaron una palabra en toda la comida. Ni siquiera sus miradas se cruzaron. Cuando alguno de los dos miraba al frente su mirada atravesaba al otro igual que si fuera transparente.
Tampoco es que pareciese que estaban a disgusto. Es tan sólo tal vez que a fuerza de tiempo han comprendido que lo es.
Y entresemana,  los días laborables, los oficinistas, ¿de qué hablan? Pues de sus jefes, de sus compañeros de trabajo, de que otro trabaja menos que él pero está más considerado. De si yo le dije y él/ella me respondió y yo le contesté…  ¿No lo es también?
¿Pero qué harían las personas si prescindieran de lo prescindible? ¿De qué rellenarían esos espacios tan embarazosos que se llaman silencios y que los demás contemplamos con desolación?
¡El señor del traje gris y la señora de la boinita blanca no hablaban!
¿Se comunican algo más los oficinistas de entresemana?
¿Qué se comunican que no pueda obviarse las pandas de jóvenes que beben cervezas los jueves y los viernes por la noche?
¿Qué comunica a nadie todo lo que se mira o se escucha?
¿Qué comunica nadie cuando mira o cuando dice?
Las casas, los hogares, están llenas de objetos y las paredes cubiertas de cuadros o de libros ¿Comunica acaso todo eso algo más que una pared blanca o una habitación vacía?
Así que no me marees, por favor, con qué es prescindible y qué no y sigue dejando las notitas de siempre en el sitio de siempre… Sí, digo bien, el sitio de siempre. Aunque parezca increíble hoy me he acordado, no sé por qué, de comprar por fin azúcar.
P.D. 
O no las dejes, si lo prefieres. Pero no te me despistes y no vayas a no dejármelas (en lo sucesivo) en el cajón de las cucharas. Si no me las dejas en cualquier otra parte me quedará la duda de si es que no habré sabido yo encontrarlas.
Ah. Te olvidaste el móvil, dijo. Le dije que te lo guardara en algún sitio y te dejara una nota de dónde en el cajón de las cucharas. Tú lo abrirás antes que yo, para dejar la nota o para no dejarla.
No sé en qué, de la manera más tonta, he perdido la tarde. Fíjate qué horas.

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