domingo, 3 de noviembre de 2013

Texto 6.11

Publicado por  el nov 3, 2013 en Prólogo a la carta número seis. Otros sueños 

6.11 “Cuando el pensamiento rapta a la vida y la arrastra hacia los rincones oscuros de la memoria, la voluntad se desorienta, perdiendo el brillo flexible de doble luz, y el entendimiento se distorsiona empujado por el ruido de la rueda de la obsesión, perdiendo el sentido de volumen de la doble mirada; entonces se congelan los paisajes y se tiñen con polvo de cemento los fragmentos de piedras preciosas que pueblan el iris, se ahogan los colores y todo vibra con la longitud del gris. En ese momento en que los hologramas giran sobre sí mismos, se pierde el contraste de lo antagónico y se seca la hierba que hace amables las pisadas de la fe”.
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domingo, 29 de septiembre de 2013

Texto 6.6

Publicado por  el sep 29, 2013 en Prólogo a la carta número seis. Otros sueños |

6.6 “Hay muchos tiempos perdidos por las gentes ausentes que deambulan como pordioseros en la muralla del genoma, están esperando otro barco de héroes pilotado por un nuevo Jasón, para descubrir que en cada hombre se esconde la presencia de toda la Humanidad, porque en los gritos de los tiempos perdidos se anuncian los rezos que encienden los colores a la aurora”.
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jueves, 5 de septiembre de 2013

En comentario al párrafo 6.2

Soy libre para elegir no sufrir, y también lo bastante poco inteligente para no saber dar esquinazo al sufrimiento que me causa el ver, cada día, a cada paso que doy, a la vuelta de cada esquina, tantas actitudes de tantos de mis congéneres que, sin poder ser calificadas de actitudes abiertamente crueles, si lo son de una indiferencia tan apabullante que me causa escalofrío pensar cómo pueden seguir adelante sin pestañear y sin que se les atragante la inmediatez de su propio “no es mi asunto” o, “sí, la vida es muy dura, pero yo no puedo hacer nada”.
Y sí, es cierto, y puedo admitirlo; que hay cantidad de situaciones ante las que uno no puede hacer nada porque hay un otro, el “dueño” de la situación, que es también dueño de sus propios criterios y de su forma de hacer o de no hacer, y de entender la vida de una forma o de otra, forma que por las razones que sea puede chirriar, o hacer daño, o entrar en conflicto con la forma de yo entenderla.
Y lo único en que puedo refugiarme, si es que cabe refugio, es apretar los dientes, y seguir mi camino. Y tratar de no volverme loca en un mundo en el que no entiendo nada.
Y existe la música, y la poesía, y la sensibilidad y las personas sensibles que saben apreciar y valorar todo cuanto de bello hay en el mundo. Y saben elevarse por encima de realidades tan toscas.
Yo, lo reconozco humildemente, no sé hacerlo.
Mis felicitaciones a todas esas personas que sí saben; que tienen, de verdad, muchísima suerte. 

domingo, 25 de agosto de 2013

Siesta en el sofá

Años 30
Me había tumbado como todas las tardes cuando subo de comer a dormir la siesta y, cuando me desperté, le pregunté a mi madre si le apetecía merendar unos pasteles. No dije merendar, dije nada más ¿quieres pasteles? Estaba aun demasiado dormida y me costaba articular las palabras. Ella, mi madre, estaba sentada haciendo punto en el rincón que hoy ocupa ese mueblecillo que creo que se llama chifonier, pero cuando yo me desperté no era chifonier sino mi madre haciendo punto sentada en algo que no vi pero imaginé la butaquita igual a la que ahora destrozada tengo en mi habitación y utilizan los gatos para dormir a ratos y a otros ratos destrozarla. O a lo mejor la misma butaquita, eran las dos idénticas y ya qué importa cuál es cual.
Mi madre me escuchó con sonrisa desganada tan igual a mi propia sonrisa, aquella que me desagradaba tanto cuando yo era joven y ella me parecía amargada sin que pudiera yo entender por qué. Tardó en contestar, como dudando, y zanjé el tema, sin enfado, recuerdo, diciéndole “te lo pongo muy fácil, voy a por los pasteles y tú si quieres los comes y si no quieres no los comes”. A ella debió de parecerle una solución razonable. No recuerdo que respondiera nada más y, creo, aunque no sé si el gesto lo vi, que continuó haciendo punto y que en la pared, por encima de su cabeza, había, roto, que le faltaba un pedazo, uno de esos dibujos que hice con el ordenador hace años y que luego fijé con chinchetas, en folios, que los saqué con la impresora, y este concretamente, el folio roto, la representaba a ella como en realidad no había sido jamás porque era una especie de fantasía, recreación llamaba yo a aquellos dibujos, basada en una foto antigua de cuando ella era joven. Pero, casualmente, justo de aquel dibujo nunca hice la impresión, luego en la realidad no existe sobre la pared ese dibujo. Ni le falta ningún trozo. Yo seguía con la cabeza como llena de algodones, sin haber logrado despertarme aunque sí me había levantado del sofá y entonces me di cuenta de que la pastelería a la que pensaba ir ya no existía hace años. Así que debe de ser que pensé que no merecía la pena espabilarse y vestirse e ir a buscar unos pasteles a una pastelería que ya no existía para merendarlos con una madre que no tenía decidido si le apetecían o no. Debe de ser por eso que opté por volver a echarme en el sofá y continuar durmiendo. Y dormí, sí, y cuando me desperté mi madre ya no estaba y la habitación en el mismo destartale desangelado en que yo la tengo en la última docena de años. En la televisión había una película que sucedía en el mar de china y debía de ser muy antigua porque uno de los personajes principales, el capitán de un barco, era Orson Welles, bastante joven aunque muy gordo, y otro era aquel actor que creo que se llamaba Curt Jungers o algo así y son dos actores que murieron hace bastantes años. Y quise volver a dormirme pero sentí una especie de pudor, me sentí obligada a levantarme y hacer algo. Lo que fuese, pero algo. De manera que me puse de pie y vine al ordenador y lo abrí y he escrito lo que he soñado.
Son las 21:05 y en la televisión hay noticias, debe de ser un telediario. No sé en qué cadena.

10/09/2013 21:07:42

sábado, 24 de agosto de 2013

24/8/13 2:21

Ya sé que los dibujos son iguales, pero uno lleva el marco (de la página) verde y el otro no. Te pongo aquí bien retratadita la página donde puedes ver los enlaces


Archivo con marco verde

Pulsa en el título, si
Y no la confundas con esta otra.
Entre los dos me terminaréis volviendo loca, os he dicho no sé cuántas veces que no son mías. Las mías llevan en el ángulo superior izquierdo este gato y no hay en ellas ningún pie de página en la que no sé quién diga no sé qué de un manuscrito con no sé qué pie de página ni qué aclaración.
Estoy bastante cansada de un asunto del todo estúpido que lleva más de un año coleando.
Y lo que más me fastidia molesta es que tú parece que encuentras divertido seguirle la corriente.
¿La radio? Pues porque se oye muy mal, con muchísimo ruido, que la he movido por toda la habitación y debajo de la balda de detrás del sofá es donde parece que está a gusto.
Así que no me la cambies, por favor, ni de sitio ni por supuesto el dial.
Pues porque ese no le gusta, el que lleva la franja de color naranja en la lata no le gusta. Los de los otros colores sí.
Que para una vez que tienes el detalle de ocuparte de algo...
La alegría está mustia, puede que la hayamos dejado demasiado al sol.

jueves, 22 de agosto de 2013

22/8/2013 20:56

Me dice “pues yo sí lo entiendo”, por lo de la página y ese índice tan largo (que en algunos casos coincide con el de don Arnaldo, pero no siempre) con muchos nombres que figura en el sumario. Me cuenta que le parece que cuando se pincha en cada participante lo que aparece no es en la mayoría de las ocasiones obra de esa misma persona…
–Quiero decir — dice — que no está escrito por ella.
– ¿Y me puedes contar qué te hace pensar que es así?
– ¿Te acuerdas de aquel papelito?
– El mundo —le contesto, ya sabes cómo me crispa y todavía más cuando me contesta con una pregunta  — está lleno de papelitos y de papeletas y de papelones  ¿Tengo que acordarme justo de uno que es además de los pequeños?
–Pequeño, sí, pero con los números muy grandes.
–Ah, los números muy grandes — enciendo un cigarrillo y creo que pongo los ojos en blanco y, estoy segura, tapo el teléfono y doy un bufido de desesperación  (porque hoy, dentro de lo malo, la cosa es por teléfono) porque me sospecho que tenemos para rato —, eso ya es una pista. Pero no caigo.
–En la caja de zapatos, sí, debajo de una vela roja y encima de un retrato de esa señora tan guapa del sombrero.
–Sí — yo -, de esa sí me acuerdo.
–Pues bueno, ahí, hay otro índice de un tal Victorianito ¿Nunca lo has visto?
Le contesto que no y me explica que un joven con muy buenas maneras lo explica después de mucho tiempo porque le haría ilusión que su madre figurase[1], y que por eso se lo envía[2] y, justo ahí, dice, se ve muy claro mientras que sin embargo Zoila…
–Que he elegido este ejemplo — me sigue explicando aunque no entiendo nada pero fumo y me callo — precisamente porque el ancianito (¿?)[3] la  nombra,  Zoila es… “digamos creación” — dice, de ese Torrenciano.
Y que ahí se ve muy claro.
En fin, haz clic en el título porque yo no me siento con fuerzas…
¿Y las aspirinas?
Pues con todo este jaleo que me tiene liado me va a estallar la cabeza de un momento a otro.
Baja corriendo y cómpralas, por favor, que aún quedan  cuatro minutos para que la farmacia cierre.
Y el paté para Eneas se ha terminado también.






[1] “¿Dónde?”. Ni idea.
[2] “¿Qué?, ¿dónde?, ¿a quién?”. Ni idea tampoco.
[3] No, no pregunto ¿No termino de decirte que fumo y callo?

martes, 20 de agosto de 2013

20/8/2013 14:54




Pues porque como es tan infantil, que no sé si madurará algún día le hacen gracia este tipo de pequeñas tonterías, que al fin y al cabo qué trabajo cuestan y mientras presta atención a estas cosas se distancia un poco de sus obsesiones y tantos disparates como tiene en su cabeza. Ahora anda con la preocupación de que como el checo le ha dicho que tiene intención de ir a pasar el invierno en algún lugar de la costa no va a poder llevarlo en el tren, pero que no se lo sabe explicar porque su español es muy malo. Y que qué pasa si saca el billete y no puede llevarlo.
Pero que si lo ve el sábado lo intentará y yo no consigo meterle en la cabeza que las personas con ese tipo de vidas tan...¿ingratas?, suelen ser muy espabiladas y saber solucionar sus problemas con una facilidad que a otros no se nos ocurren.
Pero insiste en que quiere advertírselo.
¿Tú sabes si de verdad está prohibido?
Déjala en el archivador ese que pesa una tonelada, que como tiré los papeles ahora guardo los collares.
La llave pues donde siempre se colocan las llaves debajo del felpudo.
Estuviste escuchando la radio hasta muy tarde. Te agradecería que utilizaras los auriculares, piensas que está muy bajita, pero me desvela.
Sí, hoy me marcho bastante más pronto.
Abrígate... Pero qué mala cabeza tengo, si es agosto.


sábado, 17 de agosto de 2013

17/8/2013 18:37

Ya, y yo tampoco suponía  que fuese a ser tanto, aunque imagino que no habrás estado sin dormir todos estos meses. Y no fuerces el gesto, que es una broma.
Pues por nada especial.  Te podría decir que porque el maldito cajón volvió a atascarse, y como el mango del cucharón estaba justo dentro, pues. Pero sonaría a excusa aunque sí es cierto que he aprovechado para vaciarlo, que parece mentira lo que se puede almacenar en un cajón para cubiertos. Nada especial y sólo que a veces se siente la necesidad de cambiar de costumbres.
No. Eso no ha cambiado. Sigue con sus obsesiones y sus monsergas pero con la particularidad de que el teléfono se le queda corto, dice, y que prefiere el directo. Así que ha adoptado la moda de venir, en persona, a eso de la media mañana porque se desahoga mejor cuando le ve la cara a quien le habla.
¿Ah, tú también? Porque qué casualidad que me dijo exactamente lo mismo. No entiendo a qué viene esa especie de puritanismo y que una señora no debe de, que, esto me lo ha recordado, como le dije “pues tengo otro que tampoco va a encantarte” pero que me daba pereza copiarlo porque esta vez era más largo, se ofreció a “si quieres yo lo hago”.
Y sí, lo hizo, pero y mira que le dije que pero literal, y que contesto que no me preocupase, después de tenerlo ya subido se me ocurrió echarle un vistazo y, ya ves (verás, quiero decir, más abajo te pongo el enlace), el de (tachado quiero decir, en rojo y dos veces y que no sé cómo lo haría porque por más que lo intento no logro yo cambiar de color en una misma palabra) que, en fin, no me pareció mal porque tiene razón, esos deberes implican obligatoriedad y no procede, pero, los dos acentos (bueno, uno en cada uno) que me colocó en los mases  sí que me molestaron porque, y se lo he dicho, pero, ya, por no volver a bajarlo tan engorroso como es lo de los enlaces. Y es que  no le entra en la cabeza (y creo que a ti tampoco) que no son, en ninguno de los dos casos, aumentativos sino adversativos — los que utilizaba mi madre, que no tenía ni idea de gramática, pero en la pronunciación se le notaba “no tienes mas que ir y… (lo que fuese, es un ejemplo)” — que lo único que pasa, me parece a mí, es que es una acepción que ha caído en desuso, pero en el diccionario de la RAE sí que figura.
El caso es que los puso y como las discusiones me cansan tanto rezongué sólo un poco y cambié de tema. Luego recapacité que antes hubiera podido preguntar cómo hizo para tachar en rojo, pero volver sobre el asunto después de haber dado por zanjado el tema, pues, no sé.
En fin, que aquí te lo pongo (pues el enlace, ¿no te lo he dicho?). Estaba sin fechar pero debe de ser de la misma época; los mismos folios que ya nadie utiliza (porque son folios no din as), la misma letra de la misma Olympia, la misma carpeta de color amarillo con una pegatina que pone apuntes, y además he echado la cuenta y sale, mes arriba o abajo, ese mismo año.
La crítica, constructiva o destructiva, en el cuarto cajón de ese mueblecito con pretensiones de chifonier, como está el cargador de la cámara y tengo unas fotos en mente es casi seguro que lo abriré. Que no sé ya qué retratar, por cierto, que hasta los guantes de fregar, y gracias a que en el bar son amables y les digo dejadme que retrate algo que llevéis.
Sí, le he cogido el gusto a bajar y de paso hojeo el periódico, codeándome con los oficinistas estresados.
Por eso no echo ya de menos los azucarillos.
Como es sábado salgo un poco antes, y como los días están todavía en fase de largos dejo las ventanas cerradas y echadas las cortinas. Tú las abres, ¿de acuerdo?
Te lo dije hace mucho. No es persona capaz de sospechar ese tipo de... ¿irregularidades en las conductas? Yo, te lo digo de verdad, no me preocuparía.
La fase de abajo del ventilador de la cinta aislante se resiste a girar. Pero si lo pones al máximo se anima y arranca.
Lo que no sabe es que aun tengo otro, apunte, porque ya le he echado yo un vistazo y me diría "pues aquí pone que no lo ibas a" si dejara que me lo copiase; así que lo copiaré yo personalmente y allá con mis actos, ¿no es verdad?
Ese no lleva ni título ni fecha, pero al estar en la misma carpeta que estos dos imagino que es del mismo año, pero de todos modos por el contenido se localiza en seguida de cuándo es.
A ver si lo hago mañana, que irá, pues como está, "sin título" (y sin las comillas, claro).

domingo, 21 de julio de 2013

Texto 5.24 (Último del Quinto menjaje)

Publicado por  el jul 21, 2013 en Quinto Mensaje. En el aliento de Cronos 

5.24 “Es hora de descubrir que es posible que se pare el tiempo, pero tú, tú no te puedes parar porque traicionas la ley aceptada en el mismo momento que explota la vida. Aunque parezca antagónico, acelerar el ritmo es eliminar el cansancio, porque cada espacio axónico espera una nueva señal y cada neurona no se reconoce como un fin sino un soldado al servicio de la consciencia. Aunque parezca antagónico, acelerar el ritmo es eliminar el cansancio, porque cada parte del ADN, cada resto de la “basura genética” (ADN colectivo) aguarda ser recibida resucitando el rostro de todos los muertos. Es la única forma de reírse mientras huye la sombra del tiempo”.

Primera oca de tierra

domingo, 7 de julio de 2013

Texto 5.22

Publicado por  el jul 7, 2013 en Quinto Mensaje. En el aliento de Cronos 

5.22 “El tiempo no transcurre, camina la vida por él, en él se agrupa o explota en dispersión la materia, o las energías que absorben los pensamientos, o el brillo de las tres coronas guardadas en la cueva del corazón”.
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lunes, 17 de junio de 2013

Las artes del pincel, artículo de Enrique Sánchez Ludeña

Alicia Bermúdez 17 junio, 2013 at 19:49 # 
Un preciosísimo artículo, Enrique; nada en absoluto que objetar, pero…
Un “pero” tiene siempre un algo de apariencia de objeción. Pero no es objeción. Es tan sólo que aun siendo rigurosamente cierto lo que dices no lo es menos que cada tiempo trae su qué se nos trae y su qué se nos lleva. Estos, los tiempos en que estamos, han arrinconado el manuscrito, y el trazo y el rasgo y todo lo que en el entrelíneas se cuenta sin estar escribiéndolo — escribo “en el entrelíneas” sabiendo que no es correcto, pero es que es algo, el entrelineas, que lo percibo como si fuera algo con identidad propia, el sujeto protagonista de una acción — pero, ¿podrá por eso desaparecer el entrelineas?
Ahora, con las nuevas maneras de escribir, parecen querer abrirse paso formas nuevas de no acallar lo que se resiste a ser silenciado; y, sin pararse sesudamente a averiguar un cómo, la mente serpentea por vericuetos que le abran caminos de expresión que por los métodos tradicionales eran del todo inabordables.
Me estoy refiriendo a la literatura desde el punto de vista del escritor – sólo escritor, y nada más porque es el sólo escribir lo que profesa y con independencia de si obtiene de ello beneficio material o no; y nada más también porque en cuanto a escritor no es obligado que sepa (para serlo) de otras disciplinas — que puede, ahora y gracias a las nuevas tecnologías, crear ficciones jugando con recursos infinitamente más flexibles que los que ofrecía el manuscrito, que obligaba a… no sé cómo expresarlo, una especie de ilación plana, sin fracturas ni quiebros, en páginas correlativas y numeradas, donde lo relatado había de supeditarse a un orden, una ubicación concreta en un tiempo y en un espacio.
Y no es que me preocupe el contenido inmediato del qué se cuenta, que a fin de cuentas la ficción es siempre una sarta de mentiras prescindible; pero sí valoro la… creo que quiero decir algo parecido a eso que los que sabéis llamáis “plasticidad del cerebro” a que da lugar y los “trucos” que pueden utilizarse para establecer sinapsis (¿lo digo bien?) que por los métodos tradicionales de escritura eran impensables.
De todas maneras me queda un cierto no sabría decir qué de que me he marchado por los cerros de Úbeda, y que tú te refieres en el artículo a algo más sutil que yo no he sabido atrapar. Pero, mira tú, eso a pesar de que no lo has escrito a mano, ni lleva tachones.



martes, 4 de junio de 2013

Nécora o pasteles

Era una tarde de verano y estábamos en Mugardos. Pasábamos unos días por aquella zona de Galicia y con frecuencia íbamos allí, a la caída de la tarde, incluso aunque no nos quedara demasiado cerca — nos movíamos mucho y la mayor parte de las veces sin haber establecido un rumbo, tirábamos por cualquier carretera y a alguna parte llegaríamos —, sólo por el capricho de tomar marisco.
Han pasado no menos de treinta y cinco años, de manera que no sé imaginar cómo será en la actualidad el pueblo pero, en mi recuerdo, sólo había un bar, un establecimiento pequeño y de aspecto bastante rústico en el que solíamos ser — quizá por la hora, intermedia, ni de comer ni de cenar — la única clientela.
Debimos de aparcar un poco lejos — no sé por qué ya que por entonces no había tanto turismo, las carreteras de Galicia no eran de las mejores del mapa, y además ya estábamos en septiembre — y caminábamos, hablando, riéndonos, un tramo de acera…
No habría sucedido si hubiésemos aparcado cerca.
Nada sorprendente, ni pintoresco, ni especialmente digno de ser recordado; es tan sólo una anécdota que ha vuelto a mi memoria varias veces a lo largo del tiempo.
Pocos metros antes del bar había una pastelería, muy cerca, casi al lado, y al pasar (siempre me ha gustado tanto el dulce) miré  el escaparate. Debe de ser que alguno de los pasteles me resultó muy apetecible, y que hice el gesto de entrar, y pedirlo, y comérmelo.
Ella, entonces, paró de lo que estaba diciendo para preguntar con algo de impaciencia, o sequedad, “¿quieres una nécora o quieres un pastel?”.
Mis palabras no las recuerdo, pero sí que le contesté (juro que sin mosquearme y en tono perfectamente sereno) que no era incompatible; yo me comía el pastel en un momento, allí, de pie en la pastelería, y seguido nos metíamos en el bar y tomábamos la nécora, o lo que fuese, sentadas y conversando y riéndonos, como de costub…
Me atajó bastante expeditiva replicando, con el grito en el cielo (que es una forma coloquial de decirlo, jamás gritaba y su voz era además muy pequeñita; costaba que la oyesen y cuando quería algo decía “pídelo tú”), que eso no era lógico y que cómo iba a tomar un pastel y de postre una nécora.
Le contesté que eso para mí no era problema ninguno, que el orden me daba lo mismo.
Nos enfrascamos en una argumentación (que no discusión, nunca lo he recordado como discusión, ni lo viví en el momento como discusión) porque ella insistía en que me definiese, si quería una cosa o quería la otra, pero que eligiese, que siempre descargaba en ella la responsabilidad de decidir dónde íbamos o qué hacíamos en cada momento.
– Pero si es que me da igual.
– No puede darte igual. Nada da igual. Siempre se prefiere algo.
Y que si quería pasteles lo dijera (a ella el dulce nunca le tiró mucho), y en vez de al bar de los mariscos nos íbamos a merendar a una cafetería.
No me comí el pastel. No por nada sino tan sólo porque sencillamente lo olvidé, me desentendí de él, y me aparté del escaparate tratando de explicarle que yo también prefería algo, pero algo que no tenía nada que ver con pasteles, ni con nécoras, ni…
– ¿Con qué, entonces?
No tengo recuerdo de que nuestro estar, ni nuestra actitud ni nuestro buen humor se vieran ensombrecidos, ni enrarecidos; sí sólo de que ya en el bar la conversación derivó hacia esos temas que solíamos (o quizás era ella, o quizás sólo yo) denominar “metafísicos” porque, siguiendo con mis intentos (o a instancias de sus demandas de “aclárate”), intenté hacerle comprender que lo que de verdad me importaba y atraía, mi auténtica “preferencia”, era estar bien, y que para estar bien necesitaba que estuviese bien ella, sin importar comiendo qué…
Creo que no me entendió. O que no me expliqué. Creo que incluso ahora, teniendo bastante mayor facilidad para la palabra escrita que para la hablada, tecleando frente a la pantalla del ordenador sin prisa, sin nada ni nadie que me apremie, fumando cigarrillos y tomándome todo el tiempo que quiera para pensar y plasmar qué o cómo lo tengo en la mente, no acertaré a escribir una explicación del todo comprensible.
– ¿Se trata — lo escribo en presente porque la pregunta, en sus aspectos “metafísicos”, sigue sin resolver y continúa teniendo vigencia, aunque no haya nécoras ni pasteles de por medio ni (pero esa es otra historia) esté ya ella — de que yo soy persona abnegada, generosa, que me sacrifico por los demás?
¿Por complacerlos?
¿Por agradar?
¿Y el sacrificio, lo hago de buen grado o a regañadientes?
La respuesta es tan sencilla como que no había (entonces, que ahora ya no lo sé porque no existe ninguna otra “ella” con quien mantenga una relación tan estrecha; ninguna otra “ella” cuyo estar bien o estar mal me afecten ni conciernan) sacrifico ninguno.
No suelo, además (y para ser sincera), renunciar a mis deseos, incluso caprichos, por satisfacer los de otros y sólo por complacerlos o agradar.
Es decir, y respondiendo a mis propias preguntas de abajo a arriba: no soy persona abnegada o generosa, o no más que el común de los mortales.
Ocurre sí, y en eso ella tenía razón, que el elegir me resulta por lo general… ¿difícil? Yo más bien lo llamaría “ajeno” o “indiferente”.
Difícil no, difícil nunca porque si las consecuencias de mi elección van a recaer sólo en mí, a afectar sólo a mí, a favorecer o perjudicar sólo a mí, me decido en seguida y atendiendo, nada más, a qué de lo que elija me hará sentir más vital, y más despejada mi mente, y que el aire llega a mis pulmones con más facilidad...
Entonces surge una nueva pregunta que es dónde está exactamente la línea divisoria entre el sentirse feliz o el quedarse contento.
Y no sé la respuesta. No sé dónde está esa línea divisoria. Pero sé que elijo, siempre, sentirme feliz.
Es decir, que a fin de cuentas elijo, me defino. Como todo el mundo.
Y que elijo lo que considero mejor o más conveniente para mí. Como todo el mundo.
De modo que, volviendo a ella. Yo elegía que ella estuviese bien, quizás, tan sólo, porque entonces el clima, el ambiente que nos envolvería, sería bueno, y grato, y surgirían sin dificultad la risa, y la conversación, y la comunicación…
Vamos que, a fin de cuentas,  soy tan egoísta como cualquiera.
Y creo que el análisis está bien hecho.
Y que si volviera a Mugardos con ella y caminásemos por aquella misma acera prestaría atención a pasar de largo, sin mirar el escaparate, por delante de la pastelería.
Pero creo también, ahora que me doy cuenta, que un poco de trampa estaría haciendo. Y que no daría resultado.
Aunque no importa, que en tal caso el tema “metafísico” de la conversación sería por qué no miras el escaparate, por qué haces trampa.
Y yo trataría de hacerle comprender mis porqués.
Y ella replicaría con sus observaciones y sus objeciones y sus “peros”.

Y dentro de treinta y cinco años recordaría una más, pero una nueva, de aquellas conversaciones que solíamos (o quizás era ella, o quizás sólo yo) denominar “metafísicas”. 


Bodegón con limones

domingo, 5 de mayo de 2013

De apariencias y engaños

Parecía haber nacido tuerta y tardaron en descubrir que el ojo derecho había caminado hasta la nuca para, desde allí — y dando un giro inesperado a su trayectoria con el que nadie contaba ni al amor de la lumbre en invierno ni a los niños para que cogieran el sueño en sus camas —, dirigirse, sin levantar unas sospechas que amén de innecesarias iban a resultar sumamente engorrosas de acarrear, al pueblo llano que, enfebrecido, profería gritos e insultos contra una diligencia perezosa que, haciendo oídos sordos y bocas deslenguadas que iba depositando en cajas diseñadas ex profeso para su posterior distribución tras ser debidamente precintadas, le prestaba toda la atención de que era capaz pero, y eso conviene reseñarlo, a un interés tan exorbitante que, alegaban los padres de familia — en defensa propia y detrimento de velar por la de unos vástagos que, privados de un representante legal, se acogían en pavoroso desorden bajo la protección de unas entendederas más bien cortas aunque sí bien dispuestas —, no les iba a ser posible satisfacer en un plazo que no daba lugar a más dilación que aquella a la que pudiera accederse por medio de una trampilla practicada en algún juego de naipes y, en honor a la verdad que deambulaba errática preguntando que para qué ya si alguien le había arrebatado su sentido del decoro, enormemente pequeña pero tan bien hecha y con tal pulcritud que, por temor quien más y quien menos a ser tachado de suspicaz o desagradecido y a que en consecuencia se le denegara el salvoconducto pertinente y tener por tanto que quedarse en tierra de fuera nadie a saber quién, se tomó la decisión de ignorar en tanto, al menos, no fueran tomadas las medidas oportunas que (sin oprimir ni resultar holgadas en exceso) se ajustaran a un derecho que además de no ser el de marras ni de color idéntico no sería civil ni tampoco del todo canónico pero — si la suerte acompañaba o tenía la deferencia de mantenerse a una corta distancia — sí lo bastante cortés como para, si no propiamente deshacer un entuerto que podría resultar jocoso por tan por traído tan por los pelos, ofrecerse a cubrir la vacante y poner así fin al agravio arriba mencionado que, por causa de un error de apreciación del todo estúpido, viniera ella sufriendo desde su nacimiento.


Torso y corazón

miércoles, 1 de mayo de 2013

Al 1 de mayo


Ay que los quiten de en medio, ay Señor que se los lleven, a algún lugar donde vivan como Dios si es lo que quieren. Y que no les pase nada, y que vivan muy felices, pero que se marchen lejos de las gentes infelices que se ven asaeteadas, agredidas y asaltadas por quienes dicen que velan y que cuidan y se esmeran por liberarlos del yugo del opresor dirigente.
Y que vengan otros mantas, otros traidores a tantas promesas que nadie entiende cómo es posible que asombre el que incumplan y se arroguen el derecho a la mentira en que viven instalados con sus reales asentados en sillones en sus sedes.
Ay que se los lleven madre, que los perdamos de vista, que dejemos de sufrirlos y que podamos ser libres y les cantemos contentos “ay qué bueno que viniste” a enseñarnos que no debe darse poder ni derechos, ni subvenciones ni leches, a personajes indignos que apenas vergüenza tienen.
Que desaparezcan todos, líderes y dirigentes, y salvadores de patrias que dobladas nos las meten y nunca se ven metidos ellos mismos y sus gentes ni en la cárcel ni entre rejas porque no hay juez ni jurado ni libre ni independiente.


Mujer en la playa

domingo, 28 de abril de 2013

Texto 5.12

Publicado por  el abr 28, 2013 en Prólogo a la carta número cinco. Pausas Imposibles 

5.12 “La resignación vestida de consumo y la depresión encuadernada en el retrete de la memoria son dos de los códigos invisibles en los que se sustenta el modelo intrascendente de la supervivencia. Cuando se vive justificando la pasividad, nace como necesidad mental la sensación de que el tiempo no pare; para ello se alargan sensitivamente los ritmos y te ves metido en la esfera de un reloj, corriendo delante de las agujas”.
5.12

domingo, 10 de marzo de 2013

Texto 5.5

Publicado por  el mar 10, 2013 en Prólogo a la carta número cinco. Pausas Imposibles 

5.5 “En este galanteo eterno la clave la tiene el mensajero, ¿y qué es el mensajero?: parece que un vector de energía que comunica muchos factores, con la particularidad de que además selecciona el mensaje, un mensaje entre miles o entre millones; ¿por qué?, ¿de dónde viene?, ¿por dónde pasa?: las respuestas no pueden romper la barrera del lenguaje, pero las preguntas pueden ser las llaves que cada hombre utilice para mantener abierto el cofre de los misterios; y quizás esos hombres descubran que el mensajero recorre todos los universos, visita todas las cuevas y descifra todos los tiempos antes de seleccionar el mensaje”.

domingo, 10 de febrero de 2013

Texto 5.1

Publicado por  el feb 10, 2013 en Prólogo a la carta número cinco. Pausas Imposibles 

5.1 “Cuando se habla de descifrar el código genético, se está transmitiendo la idea de que la Humanidad está a punto de descubrir todos los secretos de la vida, la niebla se disipa, los misterios se esconden silenciosos en sus viejas arcas y los popes dejan de cantar culpas para entonar disculpas”.

domingo, 6 de enero de 2013

Redoblaban los tambores

Redoblaban los tambores, repicaban las campanas, galopaban enjaezados los corceles de la fama y clamaban en las torres, en los campos y en los mares, las voces de los augures anunciando que en lo alto, de las frentes, de las miradas festivas de los que las percibían, se agitaban los albores de apenas soñadas dichas celebrando que las nuevas,  buenas nuevas mal heridas, no habrían de morir sin antes descabalgar de sus sillas y, pie a tierra, mano al cinto, enfrentarse a los temores que fieros se debatían por no perder lo ganado, ni antiguas prerrogativas, ni bajar de pedestales en los que resplandecía el fulgor de tanto fuego de artificio y de mentira como los había encumbrado a las simas en que habita lo más oscuro del alma, lo más necio de la ira, lo más rojo de la sangre que en las mejillas palpita; y allí dejarlos tirados, humillados y vencidos, a merced de sus quebrantos y sus ponzoñosas filfas para después proclamarse, ellas solas aun con vida, las únicas que merecen ser honradas y que digan los cantos de los que trovan y las cuerdas de sus liras, que fueron las buenas nuevas portadoras de noticias anunciando que habían muerto los tiempos en que cundían por el mundo los desastres y por sus gentes la fría sensación de que ya nunca habría contento ni risas.

Texto 4.23

Publicado por  el ene 6, 2013 en Cuarto Mensaje. La derrota de los Asuras 

4.23 “Es tan mal enemigo el sufrimiento que viene disfrazado de maneras múltiples, a veces embriaga con perfumes de kharma liberado, confunde haciendo creer que cada chakra es un todo, deslumbra como si los sentidos pudieran traspasar la frontera de la muerte, aletarga rociando el corazón de lágrimas de azufre, acecha pasivo como la larva de gusano esperando paciente que la muerte le abra al banquete, recrea y amplía las voces de los falsos juglares que no creen en la Dama del alma ni saben leer la esperanza en la piel de los muertos. Es mal enemigo el sufrimiento porque lo moldeamos con tal realidad que se nos presenta como si tuviera derecho a existir, como si fuese él la esencia de lo natural”.

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