domingo, 6 de enero de 2013

Redoblaban los tambores

Redoblaban los tambores, repicaban las campanas, galopaban enjaezados los corceles de la fama y clamaban en las torres, en los campos y en los mares, las voces de los augures anunciando que en lo alto, de las frentes, de las miradas festivas de los que las percibían, se agitaban los albores de apenas soñadas dichas celebrando que las nuevas,  buenas nuevas mal heridas, no habrían de morir sin antes descabalgar de sus sillas y, pie a tierra, mano al cinto, enfrentarse a los temores que fieros se debatían por no perder lo ganado, ni antiguas prerrogativas, ni bajar de pedestales en los que resplandecía el fulgor de tanto fuego de artificio y de mentira como los había encumbrado a las simas en que habita lo más oscuro del alma, lo más necio de la ira, lo más rojo de la sangre que en las mejillas palpita; y allí dejarlos tirados, humillados y vencidos, a merced de sus quebrantos y sus ponzoñosas filfas para después proclamarse, ellas solas aun con vida, las únicas que merecen ser honradas y que digan los cantos de los que trovan y las cuerdas de sus liras, que fueron las buenas nuevas portadoras de noticias anunciando que habían muerto los tiempos en que cundían por el mundo los desastres y por sus gentes la fría sensación de que ya nunca habría contento ni risas.

Texto 4.23

Publicado por  el ene 6, 2013 en Cuarto Mensaje. La derrota de los Asuras 

4.23 “Es tan mal enemigo el sufrimiento que viene disfrazado de maneras múltiples, a veces embriaga con perfumes de kharma liberado, confunde haciendo creer que cada chakra es un todo, deslumbra como si los sentidos pudieran traspasar la frontera de la muerte, aletarga rociando el corazón de lágrimas de azufre, acecha pasivo como la larva de gusano esperando paciente que la muerte le abra al banquete, recrea y amplía las voces de los falsos juglares que no creen en la Dama del alma ni saben leer la esperanza en la piel de los muertos. Es mal enemigo el sufrimiento porque lo moldeamos con tal realidad que se nos presenta como si tuviera derecho a existir, como si fuese él la esencia de lo natural”.

Archivo del blog