domingo, 5 de mayo de 2013

De apariencias y engaños

Parecía haber nacido tuerta y tardaron en descubrir que el ojo derecho había caminado hasta la nuca para, desde allí — y dando un giro inesperado a su trayectoria con el que nadie contaba ni al amor de la lumbre en invierno ni a los niños para que cogieran el sueño en sus camas —, dirigirse, sin levantar unas sospechas que amén de innecesarias iban a resultar sumamente engorrosas de acarrear, al pueblo llano que, enfebrecido, profería gritos e insultos contra una diligencia perezosa que, haciendo oídos sordos y bocas deslenguadas que iba depositando en cajas diseñadas ex profeso para su posterior distribución tras ser debidamente precintadas, le prestaba toda la atención de que era capaz pero, y eso conviene reseñarlo, a un interés tan exorbitante que, alegaban los padres de familia — en defensa propia y detrimento de velar por la de unos vástagos que, privados de un representante legal, se acogían en pavoroso desorden bajo la protección de unas entendederas más bien cortas aunque sí bien dispuestas —, no les iba a ser posible satisfacer en un plazo que no daba lugar a más dilación que aquella a la que pudiera accederse por medio de una trampilla practicada en algún juego de naipes y, en honor a la verdad que deambulaba errática preguntando que para qué ya si alguien le había arrebatado su sentido del decoro, enormemente pequeña pero tan bien hecha y con tal pulcritud que, por temor quien más y quien menos a ser tachado de suspicaz o desagradecido y a que en consecuencia se le denegara el salvoconducto pertinente y tener por tanto que quedarse en tierra de fuera nadie a saber quién, se tomó la decisión de ignorar en tanto, al menos, no fueran tomadas las medidas oportunas que (sin oprimir ni resultar holgadas en exceso) se ajustaran a un derecho que además de no ser el de marras ni de color idéntico no sería civil ni tampoco del todo canónico pero — si la suerte acompañaba o tenía la deferencia de mantenerse a una corta distancia — sí lo bastante cortés como para, si no propiamente deshacer un entuerto que podría resultar jocoso por tan por traído tan por los pelos, ofrecerse a cubrir la vacante y poner así fin al agravio arriba mencionado que, por causa de un error de apreciación del todo estúpido, viniera ella sufriendo desde su nacimiento.


Torso y corazón

miércoles, 1 de mayo de 2013

Al 1 de mayo


Ay que los quiten de en medio, ay Señor que se los lleven, a algún lugar donde vivan como Dios si es lo que quieren. Y que no les pase nada, y que vivan muy felices, pero que se marchen lejos de las gentes infelices que se ven asaeteadas, agredidas y asaltadas por quienes dicen que velan y que cuidan y se esmeran por liberarlos del yugo del opresor dirigente.
Y que vengan otros mantas, otros traidores a tantas promesas que nadie entiende cómo es posible que asombre el que incumplan y se arroguen el derecho a la mentira en que viven instalados con sus reales asentados en sillones en sus sedes.
Ay que se los lleven madre, que los perdamos de vista, que dejemos de sufrirlos y que podamos ser libres y les cantemos contentos “ay qué bueno que viniste” a enseñarnos que no debe darse poder ni derechos, ni subvenciones ni leches, a personajes indignos que apenas vergüenza tienen.
Que desaparezcan todos, líderes y dirigentes, y salvadores de patrias que dobladas nos las meten y nunca se ven metidos ellos mismos y sus gentes ni en la cárcel ni entre rejas porque no hay juez ni jurado ni libre ni independiente.


Mujer en la playa

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