viernes, 29 de agosto de 2014

29/8/14 02:17:00 a.m.

Este de aquí abajo ¿Ves?


Si me hace alguna de las suyas me importa menos; es sólo un retal y el chico (de una imprenta, o una editorial o algo de eso; que bueno, creo que es él) lo tiene entero y me figuro que bien guardado por la cuenta que le tiene.
Pero aquel pues no.



miércoles, 27 de agosto de 2014

27 de agosto de 2014 1:21:00 a.m.

“Una cosa que me tiene muy intrigada” — dice — es por qué, cuando con el ordenador está por ejemplo aquí [1] y pulsa sobre la leyenda El árbol de la vida, se abre el enlace “que yo misma coloqué y conduce a un pdf”; pero cuando está  exactamente en el mismo sitio de la tableta el enlace no obedece, exactamente igual que si no pulsase.
Que pensó  que era porque en la tableta no tenía el Adobe Reader, así que bajó la aplicación. Pero que  sigue sin abrirse.
Y que lo que quiere es  que cuando esté en cualquier parte pueda hacer y ver las mismas cosas que puede hacer y ver con el ordenador.
Después de mucho enredar llega a la conclusión de que parece  que lo que tiene que hacer en esos enlaces es decir sí cuando le pregunta si quiere abrirlos, entonces sale “iniciando descarga” y, si se va a “descargas”, ahí está y lo abre.
 No es desde luego, dice,  tan cómodo ni rápido como en el ordenador, pero que mientras indaga si hay otra forma…
Le digo “claro, claro, claro” y a todo que sí.
Y, mira, así no le da tantas vueltas a su cabeza; que le sentará bien.
La cerradura del portal ha vuelto a averiarse.
Dos veces en lo que va de mes.
Me he puesto las gafas y los yogures caducaron ayer.
Llama por el telefonillo y bajaré.





[1]Baja hasta la imagen del árbol de la vida.

domingo, 24 de agosto de 2014

24 de agosto de 2014 02:19:00 p.m.

Marquito 13

Que hay en él — se me ocurrió comentarle, que quién me mandaría sabiendo cómo es — un tejemaneje bastante raro porque así como para llegar desde el mago blanco hasta el as de oros hay que ir avanzando, ahí, de repente, en el dinero, para alcanzar la transformación hay que ir hacia atrás, retroceder hasta Nufñre.
Me contesta, con ese desparpajo suyo tan característico, que pues claro; o que si no que a ver dónde está Nufñre.
Yo me callo, en parte por no discutir y en parte porque no me termine liando; y no digo ya ni pio de que tampoco entiendo el retroceso (injustificado a mi entender si nos atenemos a las normas) de la casilla 21 a la 8.
Ponle agua, por favor, al dragón de Madagascar y no dejes que el gato se acerque a él, que se lo comería y es una lástima.
¿Qué es esa tontería de "cuál"? Sabes que quiero decir siempre la primera.
A las persianas no me acuerdo qué les toca, así que déjalas al contrario de cómo las encuentres.
Y la llave encima del felpudo para que no la vea nadie.

jueves, 21 de agosto de 2014

Ejemplo práctico de variaciones sobre un tema

Las vitaminas del alma se venden en la puerta de los mudos de las ciudades de los pordioseros que por la mañana, nada más salir el sol, colocan (ellas, las vitaminas) sin demasiada certeza de no estar equivocándose de sitio o confundiéndolos con los que libremente eligieron guardar celosamente un silencio que allí, agazapado e inmóvil tras ella (la certeza), se siente a resguardo de las miradas de los chiquillos hijos de aquella (la mañana) que acuden con encargo de adquirir todas las que puedan (vitaminas) y se ríe (el silencio), hacia dentro y sin quebrarse ni romper la promesa que hiciese de no traicionar la palabra que diera en prenda y a cambio de no recuerda ya qué fruslería de la que se encaprichó cuando aún era pequeño, incipiente y desconocedor de que algún día llegaría a ser grande o sepulcral.
Mandala (1)
Las vitaminas del alma se venden en la puerta de los mudos de las ciudades de los pordioseros que por la mañana, nada más salir el sol, abren (ellos, los mudos) sin demasiada certeza de no estar equivocándose de gesto o confundiéndolas (a ellas, las puertas) con las que libremente eligieron permanecer cerradas para allí, agazapadas en silencio e inmóviles tras ellos (los pordioseros), sentirse a resguardo de las miradas de los chiquillos hijos de aquella (la certeza) que acuden con encargo de adquirir todas las que puedan (vitaminas) y se ríen (ellos), hacia dentro y sin romper la promesa que hiciesen de no traicionar la palabra que dieran en prenda y a cambio de no recuerda ya él  (el silencio) qué fruslería de la que se encaprichó cuando aún eran pequeños, prometedores aciertos ignorantes  de que algún día llegarían a ser grandes errores.
Mandala (2)
Las vitaminas del alma se venden en la puerta de los mudos de las ciudades de los pordioseros que por la mañana, nada más salir el sol, se abre (ella, la puerta) sin demasiada certeza de no estar siendo poca o pequeña para permitir la entrada a tantos o equivocándose de gesto o confundiéndolos (a ellos, mudos y pordioseros) con los que libremente eligieron romper el silencio y, agazapados e inmóviles tras ellas (las certezas), no haber más menesteres que sentirse a resguardo de las miradas de los chiquillos hijos de aquellas (las vitaminas) que acuden con encargo de adquirir todas las que puedan (puertas) y se ríen , hacia dentro y sin romper la promesa que hiciesen de no traicionar la palabra que dieran a los de las proteínas (hijos) en prenda y a cambio de no recuerda ya él  (el resguardo) qué fruslería de la que se encaprichó cuando aún eran pequeños, prometedores pergeños (ambas) de fuentes de vida y sepulcro de esperanzas.
Mandala (3)

miércoles, 20 de agosto de 2014

miércoles 20 de agosto 1:27:00 p.m.

Composición con objetos y estrella
Para ver composiciones con objetos pero sin estrella pulsar aquí
Dice que le recuerda una fallera y "lo he hecho yo". 
La zapatilla que no encontramos y el espejo del baño sin poderlo colgar. Así que he ido corriendo al cajón de las toallas, pero lo que hay es una llave inglesa y una navaja suiza.
Y no me saltes con el chascarrillo de que es que ese cajón es muy cosmopolita.


20/08/2014 11:37:16
A veces, entrando o saliendo del portal, por ejemplo, se me viene el pensamiento absurdo de que hay que ver, tantísimos años entrando y saliendo del mismo portal y que haya cantidad de baldosas, de rincones en él, en los que jamás he puesto los pies.
Y lo mismo con cantidad de cosas.
Alguien con quien te cruzas con una cierta frecuencia, e incluso intercambias algún que otro “buenos días”, y lo ves con sus ropas tan normales, y con sus gestos no tan distintos de los tuyos, y pronunciar frases si casualmente desayuna al mismo tiempo que tú en Mi Taska y está manteniendo una conversación con algún otro alguien tan normal como él mismo e incluso tan normal como tú mismo, tiendes a no pensar — y no porque no quieras pensarlo, sino porque ni se te pasa por la cabeza el pensarlo — que si cruzaras el umbral de su casa te quedarías perplejo, con un solo vistazo, de que concepción del espacio tiene tan diametralmente distinta de la tuya.
Y con la concepción del espacio la del tiempo.
Y cuando concepciones de tiempos y de espacios pueden ser tan variopintas sólo con estar a este lado o a aquel de tantos umbrales como en la vida pueden darse, ¿no cabe pensar que nos movemos con desparpajo y seguridad un poquito apabullantes por un mundo en el que nos desenvolvemos como por terreno conocido cuando estamos desconociendo todo cuanto queda del lado de allá del umbral de nuestra piel?
Claro que, también desconocemos casi todo lo que queda del lado de acá del mismo umbral.
Vamos, que ni nos sabemos ni sabemos a los otros, y menos aún si nos son cercanos quizá por aquello mismo de tantas baldosas y rincones de mi portal que jamás he pisado; sólo pongo mis pies sobre las baldosas que van a conducirme a alguna parte — del ascensor a la calle y viceversa —,  y  sólo me percato de los rincones muertos, prescindibles, de mi prójimo cuando caigo en la cuenta de que las baldosas de sí mismo a las que puedo acceder desde mi lado del umbral de su yo me encaminan, invariablemente y a ninguna otra parte, del ascensor a la calle y de la calle al ascensor.
Es por eso que a veces me sorprende cuando un desconocido larga — como en la frase que entrecomillé de El hombre que amaba a los perros de Padura (parece que estoy diciendo que los perros eran de él, ¿verdad?, pero es que no sé por qué el colocar ahí una coma me parece que no viene a cuento, que rompe algo. Lo que me trae otra frase, esta de Cioran, que he leído hace unos minutos  en 13,99 € (99 francos en el original) de Beigbeder, que reza:
“Sueño con un mundo en el que uno moriría por una coma” ) —[1]
, como Joaquín Rius en la página 288 de Mariona Rebull
“me repugna la idea de que me domine una pasión”
frases tan idénticas a las que podría estar escribiendo yo misma, desde tan lejos y que sin embargo, desde tan cerca, no he escuchado jamás pronunciar a mi vecina, de la que y por cierto he visto alguna vez el otro lado del umbral de su puerta y, sí, es decir “no”, no parece así a simple vista que sus concepciones de tiempos y de espacios, y por extensión del mundo, sean tanto, tanto, más anodinas que las mías.






[1] No pongas cara rara, he repasado el párrafo y es justo donde debo cerrar el paréntesis y el guión.

martes, 12 de agosto de 2014

El relojero

Marquito n

Para verlo, en su mundo y en su ambiente, pulsar aquí y se comprenderá por qué, tan apocado él, después de haberle asignado el número y todo empezó a sudar y a tartamudear y hubo que terminar por eliminarlo del reparto y colocar su intervención deprisa y corriendo y de cualquier manera en un naipe que andaba suelto en un caja de galletas y que doña Uli, tan optimista siempre, dijo "pues oye, no ha quedado tan mal", y que entre seis diamantes y los 19 rubíes que pudiera tener el burlington de bolsillo del bisabuelo Montano no debe de haber, si te pones a echar cuentas y hacer valoraciones, demasiada diferencia.

domingo, 10 de agosto de 2014

Otra pequeña trampa

Y, sin embargo y a pesar de la advertencia, encuentro los cinco capítulos en youtube. Que, como sucede tantas veces con youtube, en cualquier momento pueden desaparecer, pero por lo pronto ahí están.
Esta cruz estaba ya en la entrada. Una de esas cosas que le gusta hacer - como en todo le gusta meter mano - para que las entradas en reserva estén un poco adornadas.
Dice que la encontró dentro de la caja tan antigua de un medicamento y que "ahora", buscando un hueco, ha pensado que encajaba bien.
Dice que piensa que la figura en relieve en el centro debe de significar algo, pero no sabe qué.
¿Tú ves algo que pueda estar encerrando algún tipo de símbolo... Aparte del religioso de la propia cruz, pero eso ya lo vemos todo.
Retira, por favor, la esparraguera de la ventana antes de que dé el sol.

viernes, 8 de agosto de 2014

Desayunando en Mi Taska


Pasaba las últimas páginas con un algo de desinterés, siempre miro las páginas de deportes más bien por encima y un poco por aquello de terminar el periódico al mismo tiempo que el vaso de café con leche. Pero, hoy, al verlo ahí, "anda, mi vecino".
Apareció en el barrio hace unos años, pocos, y en el portal una noche saliendo él con su perro - me enteré entonces de que éramos vecinos - y yo con una bolsa de basura a la que Kobe atizó un amoroso, efusivo zarpazo.
Repetí el nombre como lo entendí, Scubi o algo así. El chico dijo "no, Kobe como Kobe Bryant"; y yo dije "ah" y me explicó "es cachorro", de color dorado, un poco parecido a Jerry aunque no sé ya recordarlo bien, pero creo que labrador o quizás golden.
Cuando lo vi sin él le pregunté y me dijo que lo había dejado en Brasil, con su familia, que allí estaba mejor y muy contento muy cerca de la playa.
Fue Anibal quien me contó que jugaba en el Estudiantes.
¡Suerte, muchacho!

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