miércoles, 29 de octubre de 2014

Carmen Estévez

Y quizás porque lo uno lleva a lo otro me vinieron a la memoria aquellos años, y me acordé de Margarita Argenta, su mujer, también alumna por entonces - y sus hermanas, Angelines y Cristina - del colegio cuando todavía estábamos en Duque de Sevilla; y de que se casaron cuando, ya en el Conde de Orgaz, terminó ella el bachiller.
Y, allí, en el Conde de Orgaz, es donde la conocí.
Iba algunas tardes a recoger a sus hijas y yo la veía, la miraba, cuando íbamos todas por la galería camino de la capilla a rezar las oraciones de la tarde.
Pepita, o Many, o Mari Pepa, se acercaban a saludarla y ella estaba allí, de pie tan elegante, tan esbelta, y sus tacones y su melena rubia, larga entonces, más que en esta fotografía que he encontrado en Internet.
En esta página
No sé decir si era una mujer propiamente guapa. Sí aseguraría que en mi recuerdo era más joven de lo que se ve aquí, que lo creo porque también el aspecto del marido era otro, más corpulento y con más pelo.
No sé si propiamente guapa pero a mí me fascinaba.
Una tarde en que no fue a recogerlas ella sino el chófer - el chofer venía con un coche grande, un Citroen de los que se llamaban "tiburón", con muchos asientos trasportines abatibles, cabíamos muchas e Isabel nos invitaba a las de la clase a llevarnos, y el chofer nos iba dejando en nuestras casas - él, el chófer, le dijo "tenemos que ir a recoger a tu madre" y fuimos, todas las que habíamos cabido, a buscarla a una peluquería porque (Isabel le preguntó "¿dónde vas esta noche?" y ella, con una voz que me pareció muy bonita, apretujada la pobre entre las colegialas, contestó que a una cena, e, Isabel, "¿yo no puedo ir"?, y ella con una sonrisa preciosa y tono muy dulce, "tú no estás invitada".
Llevaba, me acuerdo, un traje chaqueta de color rosa fuerte que años, muchos años después, yo llamaría de seda salvaje porque un día, en el Corte Inglés, vi uno, del mismo color y el mismo estilo que me la recordó y en la etiqueta ponía seda y, la dependienta cuando le pregunté, me dijo que salvaje. 
Y me lo compré.
Y todavía lo tengo - y han vuelto a pasar años - y me lo sigo poniendo en los días buenos de primavera.
Y cuando alguien me dice que es bonito, o que me queda bien, me acuerdo siempre de ella.

Chirino

En el diario El País

jueves, 23 de octubre de 2014

Texto 7.23

Párrafo 7.23

7.23 “Cuando tengáis que subir por las cuestas de agua, no olvidéis que los viles, los sanguinarios, los agresivos, los pobres enriquecidos, los tristes y los suicidas sólo son hijos coloreados del mismo miedo”.
7_23

No sé quién pueda ser Beucis; pero cada vez que leo sus comentarios me pongo enferma.
Me dan auténtico pavor las personas tan prepotentes, tan seguras de sí mismas, que se pasan la vida dando consejos - o por lo menos en el blog - diciendo qué hay que hacer y qué no, siempre como si hablaran desde un pedestal.
No sé qué pueda  ser eso que se llama EVOLUCIÓN pero me hago una especie de imagen, visual, en la que la evolución es una tarta, y a todos los que comentan, con tanta pedantería, los veo peleándose entre sí por llevarse el trozo más grande.
También los imagino corriendo, como en competición, por alcanzar cada cual el primero una meta. Todos quieren ser el ganador y estar en lo más alto del podio.
Serían capaces de abrirse paso a codazos.
Si la EVOLUCIÓN es algo tan mezquino me parece que no la quiero.
Aunque tengo una muy remota esperanza de que sea otra cosa.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Acoso

Hace unos días mirando el periódico encontré uno de esos anuncios que invitan a marcar un número de celular para mediante el costo de la llamada solidarizarse con alguna causa que, en este caso, era para Médicos sin fronteras; el coste de la llamada iba íntegro a dicha organización.
En el mismo momento agarré el celular y marqué, que por qué no hacer algo tan sencillo que seguro que hace cantidad de gente.
Bueno, pues ayer me encuentro en el celular una llamada perdida  de un teléfono fijo,  934921369. No devolví la llamada y de momento así quedó la cosa.
Esta mañana vuelve a sonar mi celular que, por cierto, sólo hay dos personas en el mundo a quien yo se lo haya facilitado; con la particularidad añadida de que no es de contrato sino de tarjeta prepago, con lo que ha de suponerse que no tendría por qué figurar en ningún listado de información telefónica.
Esta mañana sí he contestado y una voz femenina me ha preguntado si yo era yo (me ha dado mi nombre y mi apellido) y se ha presentado explicando que era Mónica, de Médicos sin Fronteras.
Me he limitado a de inmediato responder que perdonase pero no podía atenderla.
Luego me he puesto las gafas, he mirado el número y era otra vez el 934921369.
Pues hace un rato me han vuelto a llamar, otra vez del mismo número y de nuevo explicando que era de Médicos sin fronteras, aunque esta vez no he prestado atención al nombre de la señorita y directamente he cortado la llamada.
Me resulta chocante que en alguna parte de Barcelona (93) alguien sepa que un número de celular es mío, con mi nombre y mi apellido. Y me resulta indignante que,  por el hecho de que yo hiciera algo tan inocuo como marcar un número con la sana intención de colaborar en mi pequeña medida con una organización de fines humanitarios, alguien se tome la libertad de averiguar mi identidad, en primer lugar, y en segundo lugar la de dedicarse a hacerme llamadas insistentes con el fin, supongo, que cuál otro podría ser, de invitarme a que me haga socia, o algo así, y me comprometa a colaborar con una cuota.
No lo sé, ya que en realidad en ninguna de las dos ocasiones he esperado a escuchar lo que la señorita pretendiese decirme.
De cualquier modo he aprendido algo; nunca más marcaré ninguno de esos números "solidarios".

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