domingo, 1 de noviembre de 2015

Texto 9.16

Publicado por el nov 1, 2015 en Noveno mensaje. La rueda de las comuniones. 

9. 16 “En la materia supradensa está el origen de las cosas. Allí se hipercondensaron todos los modelos para que los convirtiera en lluvia el nacimiento del tiempo. Y con el parto del tiempo, los hombres, las naturalezas y los mundos que penetran por la ventana de los sentidos viven en el ritmo tembloroso de la materia porosa. El mosaico de las formas geométricas que componen la realidad aparente no son sino diminutos y distanciados núcleos de micromateria, almidonados por una red energética que define órbitas y trazados perfectos. Nos engaña la imagen de cómo los hombres peregrinan como seres perdidos, desperdigados y errantes, buscando afanosos completar un dibujo desconocido del que se ignora hasta la propia forma. Y desviarse de la propia forma es hacer impermeable la materia esponjosa corroborando un pacto con la ignorancia, como si se pudiera evitar el frío encanto de las gotas de tiempo.”
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COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Se cree que en el origen, todas las geometrías de nuestro Universo estaban fundidas en una única, multidimensional y compleja geometría que esculpió el carácter del primer mensajero. Su nacimiento prendió la llama del tiempo, y sus latidos crearon el espacio.
Esta geometría se enfrió, se cristalizó, y acabo por romperse en varios pedazos, cada uno con sus propias geometrías. Este paso marcó el nacimiento de la descendencia del primer mensajero y cada uno de los hijos aceptó su compromiso de nacimiento dando lugar a los primeros átomos. Sus conversaciones llenan el vacío de voces que llevan recados de un lado a otro, y hacen bailar a las partículas como mevlevís alrededor de un centro.
Esta armonía microscópica contrasta con los caminos de las personas que, atizadas por el miedo, vagan por el mundo engañándose como consecuencia del vértigo que da el fracaso al compromiso que hemos adquirido. Es posible que mientras esto no cambie, nuestra mirada enturbie la comprensión del mundo que nos rodea, llenándolo de una densa niebla que no nos deje ver la perfección de las formas dibujadas por las músicas que tocan los mensajeros.

Este pacto con la soberbia ha de romperse. Quizá la única manera de llevar a cabo esta tarea sea poniendo a disposición de los demás lo mejor de nosotros mismos, sin miedo a quedarnos desnudos, porque es posible que así las estructuras conscientes que hemos creado se rompan y nos dejen ver lo que hay detrás de la niebla.

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