miércoles, 7 de diciembre de 2016

El perrillo negro de un jardín abandonado de la calle Oquendo

Negro, de tamaño mediano y pelo negro y rizado, con un collar rojo y un genio malísimo.
Lo veía siempre cuando pasaba con Jerry. En lo que algún día fue una mansión, uno de esos chalets que hubo, y sigue habiendo, en esas calles tranquilas, sorprendentes un poco en pleno centro de Madrid, entre Velázquez y Serrano.
En éste, donde yo lo veía, grande y tal vez abandonado ya que las ventanas se ven tapiadas y muchos de los ladrillos caídos o rotos, con un jardín grande que se atisba por encima del muro de piedra y la tela metálica que lo corona, él correteaba a lo largo de lo alto del muro, de un extremo al otro, pegando ladridos muy enérgicos a Jerry, que le respondía con no menos resolución.
Su aspecto era bueno, saludable, se le veía bien alimentado, lo que me hacía pensar que ahí estaría viviendo alguien, que cuidaba el lugar, o gente sin hogar que se había metido ahí, y que él era suyo y ellos lo cuidaban.
Hace cosa de un mes eché de menos los ladridos, y las carreras alocadas a lo largo del muro.
Desde entonces, cuando he tenido a Jerry conmigo, he evitado pasear por ahí tratando de evitar el constatar que en efecto ya no está.
Hace unos días que sí tengo a Jerry y, esta mañana, me he dicho “por qué no ir, que a lo mejor está, una sola vez que no lo has visto no es prueba de nada”. Y, sí, hemos ido, aun con la corazonada no sé por qué de que no lo vería.
He querido imaginar que no pasa nada. Que las personas que estuvieran ahí se marcharon y lo llevaron con ellos.
Pero, de cualquier modo, el “ya no”  de sus ladridos, de sus carreras, de su energía y su mal genio y su viveza, me ha dejado, me deja, un no sé qué de vacío en la boca del estómago.
Y pienso, sin saberlo evitar, cuántos pequeños retazos de la cotidianidad, de lo vivido y sentido cada día aunque se sienta y se viva tan sólo al paso del “pasar”, van dejando muescas en el alma. Y qué grande y pesado resulta ese saco invisible que se lleva a la espalda cargado de innumerables “ya no”.

domingo, 4 de diciembre de 2016

12.4

Publicado por  el Dic 4, 2016 en Prólogo a la carta número doce. La música de los biorritmos.

12.4 “Hay ritmos que influyen en el funcionamiento biológico y tienen consecuencias de fácil comprensión, se podrían definir como biorritmos, ritmos matrices y derivados de movimientos aparentemente cíclicos. Ritmos de la Tierra que sitúan cada punto en un momento espacial diferente e irrepetible, y en cada ciclo similar, en cada día, se produce una repetición de impulsos distintos para cada naturaleza viva y afectan de manera diferente a la claridad mental y al tipo de impulso energético de cada persona. Se podría considerar que hay biorritmos circumdie arquetípicos, pero tal afirmación no es válida por imprecisa y carente de sutileza para ligar el biorritmo a un instrumento evolutivo como la consciencia”.
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COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Miro la hora y son las 21:30, no tengo hambre pero es la hora de cenar, pues tendré que comer evidentemente… Cuántas veces a lo largo del día realizamos multitud de actos porque es lo que hemos convenido que toca hacer, y estructuramos nuestra vida en una rueda que gira y gira sobre elementos predecibles que nos dan estabilidad. Si bien es cierto que hay situaciones que tienen patrones de aparición cíclicos, por ejemplo las estaciones del año, ningún invierno o primavera puede ser igual al anterior, aunque todos tengan elementos comunes. El conocimiento de estos patrones nos es de gran utilidad social; evidentemente la agricultura, ganadería, etc. se han aprovechado de este conocimiento para optimizar su producción. ¿Pero qué pasa cuando ya no se trata de la supervivencia? Alguien avezado diría que posiblemente determinados ritos o liturgias también cobran su importancia en función del contexto relacionado con la fecha de su celebración. Por ejemplo, ¿la celebración de las fiestas navideñas en mayo tendría el mismo sentido de reunión y activación, dado el solsticio y el frío del invierno en el hemisferio norte? Parece que no. Por tanto, el conocimiento de todo lo concerniente a lo cíclico no solo tiene que ver con un beneficio para la supervivencia sino que es algo más global que afecta a todo lo fenoménico y en diferentes niveles de complejidad simultáneamente.
Quizás el elemento crucial de las situaciones cíclicas es que son predecibles, ya que los fenómenos tienen periodicidad. Esta periodicidad nos permite anticiparnos y de alguna forma nos da seguridad frente a la incertidumbre futura. Si bien cabe resaltar que no es posible la repetición de nada, nos gusta vivir en la ilusión de la similitud porque nos permite usar la memoria para afrontar la vida. Mientras creamos que dos cosas, momentos, personas o lo que sea pueden ser iguales, creeremos que aquello que funcionó una vez lo volverá a hacer si la situación es “la misma”, o que lo que sirvió para una persona servirá para otra. Esta simplificación nos evita la aventura: únicamente debemos aprender a aplicar protocolos de actuación.
¿Y si la sensación de repetición no fuera más que una ilusión fruto de nuestra pequeña capacidad de percepción de la realidad? ¿Y si precisamente desde la percepción de lo cíclico pudiéramos salir de la sensación de que algo se repite? De alguna manera las situaciones cíclicas serían oportunidades para poder afrontar mejor circunstancias que nos pueden generar una dificultad en nuestro crecimiento. Para ilustrar esto, se puede utilizar como ejemplo la película de “El día de la marmota”. Aquí una de las moralejas más importantes es que mientras uno no cambie, cada día nos parecerá que ocurren exactamente las mismas cosas, y solo al cambiar nosotros, la realidad se configura de una manera nueva. Por tanto, parece que nuestra capacidad de crecimiento radica en poder salir del juego de la repetición, en no vernos sometidos a la inercia de un funcionamiento dado, en definitiva, en ser más dúctiles y en que sea la sensibilidad la que guie cada situación. De alguna manera sería experimentar la realidad en vez de razonarla.
Sin embargo esta forma de explicar lo cíclico o lo biorrítmico parece un poco contradictoria, ya que es lógico pensar que la comprensión de los patrones que tienen lugar en la naturaleza conlleva en gran medida el conocimiento de la realidad, y por tanto esgrimir que no debemos quedarnos hipnotizados por dicho conocimiento parecería que es como acudir a la inocencia de la ignorancia. Pero nada más lejos, la comprensión y formulación de la realidad es importante, pero ello no significa que eso sea experimentar la esencia o el conocimiento, por lo que la apariencia de la forma no debe suplantar la búsqueda multiforme de la autenticidad que aguarda al Ser.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Usuario discusión:Alicia Bermúdez Merino

Notificación de borrado rápido[editar · sección nueva]

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Hola, Alicia Bermúdez Merino. Se ha eliminado el artículo Alicia Bermúdez Merino en el que has colaborado por el siguiente motivo: autopromocional\, spam o vanidad. Te agradeceré que revises la política de borrado rápido y sólo si crees que el artículo borrado no se ajusta a lo descrito ahí, expón tus argumentos al bibliotecario que eliminó el artículo. No se considera una buena práctica volver a crear un artículo que ha sido eliminado por la aplicación de la política de borrado rápido, al menos que el artículo ya no cumpla con los criterios especificados en la política. No te desanimes por este pequeño incidente, tus colaboraciones son muy importantes para Wikipedia. Gracias por tu comprensión, Teknad (discusión) 17:22 3 dic 2016 (UTC)

domingo, 23 de octubre de 2016

Texto 11.21

Publicado por  el Oct 23, 2016 en Undécimo mensaje. Las cárceles de la razón. 

11.21 “Se podría decir que todo aquello que dificulta el desarrollo de la capacidad es una impostura; como acción maligna lo calificaría el Tao. Casi todos los hombre son impostores en pequeñas cosas, pero cuando se llaga a trabar la transformación de los mantos energéticos a espacios biológicos, se está engañando a la vida y a su objetivo reptando por el plano de la pura supervivencia, se cierra el paso al brillo de las estrellas y se olvida que la raíz de la vida está ligada al infinito y al no tiempo. Esa experiencia superior está siempre buscándonos, por eso cuando los apsaras han segregado la hiel que cubre el brillo del diamante, se camina despacio y no crecen las flores de la noche porque nace el sueño, que es hijo de las furias y hermano de la muerte oscura y de la envidia, que no nacieron en la inmortalidad sino en las cuevas perecederas de la carne ciega.”

11_21 

COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Desde el misterio profundo nació este Universo, y como parte de él nuestra biología, incompleta, rozando aún sus funciones más primarias, pero preparada para evolucionar hacia su desarrollo más complejo y completo. Y es que la Ley, cambiante en su nivel más cercano a lo que entendemos como fenomenología pero única y fija en su origen, solo sería entendida si esa evolución biológica surge desde el misterio profundo, tal y como todo fue creado. Como un juego en el que esta evolución sólo puede ser conducida por la Ley de la creación. Pero, ¿porqué el ser Humano nació en base a unas pautas que ahora ha de seguir para completar su propia evolución?
Aún no entendiendo esta paradoja de la creación, parece claro que nuestra especie ha de caminar con una actitud, y sobretodo con una responsabilidad, forjada desde lo transcendental de nuestra existencia. O al menos rozándola. Sin embargo las sociedades modernas nos invitan constantemente a bajar la cabeza y mirar a la supervivencia en una actitud casi orgásmica, que por cierto, aceptamos con mucho gusto. Esta es la fuente del miedo, ese miedo que nos paraliza las piernas al andar, que casi de forma mágica hace aparecer cruces de caminos donde no los hay, que nos entretiene pensando cuál de estos caminos recorrer, como si hubiera más de uno.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Alegato en octosílabos

Cuando por fin despertaron/ los que comieron perdices/ comprobaron desolados/ que estaban en los confines/ de un cielo que anubarrado/ cubierto de nubes grises/ se desplomaba inclemente/ sobre un mundo sin sentido/ de la piedad que bendice/ a los que comiendo poco/ con mesura y con respeto/ a qué la tierra nos brinde/ en cada estación del año/ y allá do cada cual vive/ con su frugalidad miden/ cuánto de más ingiriendo/ devorando como buitres/ los que viven solamente/ para sí y para sus fines/ no estarán contribuyendo/ a que en el mundo agonice/ el pudor tan necesario/ para comprender que existe/ un algo más que la panza/ que llenar sin que ello diste/ de alimentar dónde habita/ el alma inmortal que añora/ de su cárcel verse libre/ y remontarse liviana/ ligera no como pluma/ sino como esencia misma/ de su creador del que emana/ y en que aún sin sentir reside/ por encima de pasiones/ espesas y abigarradas/ para alcanzar ya sin peso/ ni su envoltura de grasa/ los confines de otro cielo/ desconocido por quienes/ dependientes de las carnes/ propias y las que son viandas/ en la condición humana/ estamos aún confinados/ lo mismo que está la mosca/ presa de tela de araña.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Texto 11.15

Publicado por  el Sep 11, 2016 en Undécimo mensaje. Las cárceles de la razón. 

11.15 “Quizá la Humanidad esté lastrada por una historicidad psíquica que ha contaminado de impostura gran parte de los comportamientos que aparecen como normales. Tener capacidad simbólica facilita poder ser manipulado por los símbolos o los contenidos de las palabras; puede que la mayoría se implique de forma mimética en esa manipulación, como si les hubiera tocado seguir el rastro de la lámpara en la procesión de la noche oscura”.
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Desde el punto de vista de lo personal, esa bienaventurada y milagrosa capacidad que tenemos los humanos para dotar de significados abstractos ciertas formas y sonidos, de convertir en signos las cosas y los modos, y de interpretarlos racional y emocionalmente más allá de lo meramente tangible, tiene, como explica el texto, sus compromisos. Podemos ser pastoreados, podemos dejarnos atrapar por interpretaciones y lecturas simplistas e interesadas, quizá posibilitadas por el mal uso de ese poder que tiene nuestra mente de acumular memorias resabiadas y por cierta vieja tendencia a la comodidad de preferir lo malo conocido a lo bueno por conocer. Negarnos a la permanente aventura del pensamiento.
En lo social, o incluso en lo político, estamos hartos de oír y leer aquello de que el pueblo que no conoce su Historia está condenado a repetirla. Frase que queda muy bien en general, que supuestamente nos hace meditar acerca de lo sucedido en generaciones anteriores a la nuestra, pero que llega a parecer un eslogan publicitario cuando surge de la boca del profesor de Historia de cualquier instituto de enseñanza secundaria. Y sin embargo es justamente al revés: se empeñan en enseñar la Historia de tal modo, con tanta parcialidad y favoritismo, con tanta falta de real ecuanimidad, que están inoculando en la ciudadanía, desde su más tierna infancia, las ansias de repetirla. ¿Con el propósito de corregirla? ¿Con anhelos de venganza? ¿Para conjurar el miedo a que se repita, con lo que la reincidencia del modelo está servida? Esto es así desde tiempos inmemoriales y en cada uno de los rincones del planeta, mera e inevitable consecuencia de la pretensión de una identidad nacional o tribal.
La gran impostura de la identidad grupal, que siempre se ha fabricado a base de mitos, leyendas, cánticos, danzas y representaciones rituales… y que ahora se ha llegado a sofisticar tanto que se recrea y se amplifica, con nuevos barnices cientificistas, dentro de los pétreos muros de las Universidades.

domingo, 3 de julio de 2016

Texto 11.9

Publicado por  el Jul 3, 2016 en Prólogo a la carta número once. La cárcel del ego.

11.9 “Hay otros impostores: son los vendedores de sueños, personajes que comercian con el miedo de los demás. En esta sociedad las gentes se sienten solas, desorientadas, examinan los hilos del tiempo mientras se pierde el brillo de sus ojos, sienten las manos vacías y saben que viven acurrucados en los quicios de las puertas, confunden ilusiones con deseos mientras las campanas cuentan los años como las cuentas de un rosario, taponan con dorsales de competición las gargantas de los niños para que ningún viejo recuerde la presencia de la muerte, y en esta orgía de frustraciones comienza la ceremonia de las confusiones ante el escaparate de los examinadores, y mientras, los ángeles se aburren en unas vacaciones apenas interrumpidas unos segundos en la conciencia alterada de la noche o en un encuentro mistérico inesperado”.
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Comerciar con el miedo: en realidad en esta extraña complicidad que nos une, de mera supervivencia angustiada, todos participamos de ese comercio: todos nos vendemos y nos compramos, unos y otros, ungüentos mágicos en forma de antojos más o menos onerosos que nos ayuden a acallar las pequeñas ilusiones que nuestro ser angélico aún se atreve a despertar de cuando en cuando, abortadas de inmediato por el miedo a implicarnos en el riesgo de fracasar.
Una orgía de frustraciones: frustraciones incluso para aquel que se supone que ha alcanzado el éxito o la felicidad desde los estándares que esta sociedad establece. Profundas frustraciones, inconfesables, tal vez más agudas para el triunfador, porque más allá de los últimos deseos satisfechos solo está el abismo de la ausencia de la verdadera ilusión de abrirse al misterio de la vida.
Las vacaciones de los ángeles: precisamente ellos son los que nunca necesitarían que les diésemos (o les obligásemos a tomarse) vacaciones. Por ejemplo: ¿Quién querría vacaciones si tuviera una vida plena y apasionante?

viernes, 3 de junio de 2016

domingo, 22 de mayo de 2016

Texto 11.3

Publicado por  el May 22, 2016 en Prólogo a la carta número once. La cárcel del ego. | 3 Comentarios

11.3 “El ego es una falsificación que suplanta la imagen de la naturaleza del ser, el ego invita a buscar explicaciones a todo lo desconocido, construye un mundo a su servicio y es en su definición enemigo de los misterios; por eso en una sociedad en la que se trata de fortalecer el ego (los psicólogos lo llaman autoestima) se transmite la hipervaloración de lo que se cree conocer y se resta importancia al infinito mundo de lo desconocido”.

domingo, 17 de abril de 2016

Texto 10.21

Publicado por  el abr 17, 2016 en Décimo Mensaje. El vehículo de la fe, el amor |

10.21 “Los mares internos se llenaron de cenizas y arrepentimientos, y se orquestaron los pecados y creció el sentimiento general del sexo ligado al poder”.
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Desde tiempo inmemorial, el sexo ha constituido el principal escenario donde se ha venido librando la batalla entre lo moral y lo inmoral, lo virtuoso y lo pecaminoso, lo confesable y lo inconfesable. Todo ello administrado por unas estructuras eclesiales y religiosas convencidas de que la búsqueda de la trascendencia y el placer eran incompatibles.
Lo realmente sorprendente es que calase en las gentes esa mentalidad.
¿Será porque las formas habituales de practicar el sexo estaban, y están, más próximas al impulso de conquista y posesión (rasgos típicos del poder), y que debido a ello difícilmente podía ser asociado a una vía de crecimiento personal, convirtiéndose en cambio en terreno fértil para alimentar una cierta sensación de oportunidad perdida, equiparada interesadamente con el pecado doctrinal?
Por otra parte, al fomentar la visión del sexo como inevitablemente pecaminoso ¿no se contribuía a que la tensión de fondo, entre lograr el propio placer o potenciar la entrega, pareciera estar inexorablemente abocada a saldarse en favor de lo primero, nublando así la posibilidad de que pueda darse lo segundo?
Podría concebirse, desde esta perspectiva, que a lo largo de la historia hayan existido, según dicen, ciertas interpretaciones religiosas dispuestas a concebir el sexo como un medio de desarrollo genuinamente espiritual.

sábado, 16 de abril de 2016

La respuesta

    • Enrique Sánchez Ludeña 16 abril, 2016 at 12:40 # 
      Según la ortodoxia científica, la vida es una propiedad emergente de un sistema complejo, la célula.
      En la teoría de sistemas, el todo siempre es algo más que la suma de sus partes. Es decir, tiene las propiedades de sus componentes y, además, otras propiedades nuevas que son el resultado de las interacciones y relaciones entre estos componentes. Según esto, la vida aparece cuando están presentes ciertas moléculas (las de las proteínas, los ácidos nucléicos, etc) y se organizan de determinada manera. Una vez montada la maquinaria, esta comienza a funcionar por si sola. Por supuesto intercambiando materia y energía con el ambiente, tomando materiales y energía del exterior, transformándolos y cediendo al ambiente los productos de esta transformación.
      En algún momento de la historia de este planeta, la vida debió aparecer a partir de lo inerte, de lo que no estaba vivo, por una combinación afortunada de las moléculas adecuadas. Una combinación capaz de mantenerse en las condiciones adversas del planeta y, también, capaz de copiarse a sí misma.
      Hasta aquí lo aceptado por cualquier científico. No obstante, todavía no se ha conseguido obtener vida en el laboratorio a partir de las moléculas que integran lo vivo. Hasta ahora, la vida solo procede de la vida y es una discusión muy antigua si puede generarse, o no, a partir de lo inerte, de lo que no está vivo. Todavía se habla del hálito o soplo vital, de un factor o componente, como una chispa, que pone en marcha los mecanismos y procesos de la vida, que enciende la célula, por decirlo de alguna manera. Este factor, de existir, estaría obviamente en el ambiente.
      Brevemente, no puedo aportar mucho más. No sé si esto te sirve para aclarar tus ideas.

sábado, 9 de abril de 2016

Jerry escaneado



Hechas con el móvil pero no con la cámara sino con la aplicación CamScanner. Y sin flash ni nada. Me parece que salen mejor que con la cámara. La pega es que no se van a la galería, hay forzosamente que enviarlas por e-mail y luego descargarlas. Pero mira qué bien salen.
Tampoco sirve para hacer selfies, que no es propiamente que haga falta.


jueves, 17 de marzo de 2016

Julia Margaret Cameron en fundación Mapfre


Hay en la exposición fotos preciosas. Madonnas con niñas - las modelos suelen ser (leo) sus nietas y su sirvienta - y otras criaturas del todo angelicales.
Cuando me he enterado de que no se podían hacer fotos con el móvil ya había fotografiado yo esta. Me alegré de no haber preguntado antes, porque esta es la que más me interesa para tratar de expresar...
¿En qué de lo que vemos en cada instante se fija la sensibilidad de cada persona para decir "esto es belleza" o "esto no lo es"?

domingo, 13 de marzo de 2016

Texto 10.16

Publicado por  el mar 13, 2016 en Décimo Mensaje. El vehículo de la fe, el amor 

“En el Libro de las Transformaciones, trazos neutros en reposo y rasgos activos móviles van mutando con los contrarios para evidenciar incógnitas en cuyas respuestas reposa la base de un complicado sistema filosófico para comprender la realidad. Todas las situaciones del hombre están avaladas por un símbolo, de tal manera que interpretando el trigrama se estará en disposición de buscar asociaciones de nuevos elementos. Así aparecerán los hexagramas, las danzas y las rotaciones, que irán acercando la consciencia a la realidad manifestada, abriendo las ventanas a estados mentales superiores hasta rozar la percepción de la luminosidad creadora”.
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COMENTARIO DE EL AVENTURERO
El hombre es generador de dos tipos de energías que posiblemente condicionen todo su funcionamiento. Desde la vibración de la molécula aparentemente más insignificante hasta la forma en que miramos, se ven estructurados por el balance de estas dos energías sutiles que bañan nuestro ser en un plano implícito a la realidad manifestada. Diagramáticamente, este hecho se ha representado como dos curvas que se unen en los tres centros de personalidad y en las cuatro puertas. Algo así como dos tipos de vibraciones descompasadas en el tiempo, en perfecto equilibrio neutro, y que se encuentran en lo que el hinduismo denominada como los siete Chakras.
Los trigramas a los que el autor se refiere son composiciones de tres elementos en los cuales cada uno de ellos representa una de estas energías. Son la mínima estructura numérica posible tal que nunca se obtiene el mismo número de elementos de cada energía en un trigrama. Es decir, un trigrama aislado poseerá un balance no neutro hacia una de las dos energías. Quizás cada trigrama representa una de estas curvas a las que hacíamos mención. Quizás estas curvas no representen cada una de las energías sino más bien una combinación de ambas que nunca puede ser neutra. En esta interpretación, aparece de forma inmediata el hexagrama como unión de dos trigramas y que sólo puede tener lugar en cada uno de los siete Chakras. Es entonces, llegados a este punto, cuando nos acercamos ligeramente a entender la importancia de los hexagramas en el Libro de las Transformaciones. Estos nos hablan de posibilidades de futuro, como si fueran la llave que desbloquea cada unión y que por lo tanto modifica nuestra consciencia fundiendo lo implícito con lo ya manifestado. Y esto sólo puede ser conseguido desde una actitud de entrega y fe que nos acerque a la máxima expresión del amor, y que así nos haga rozar, como dice el autor, la percepción de la luminosidad creadora: el no tiempo, el denominado plano mental.

jueves, 10 de marzo de 2016

La mirada ajena

He estado esta tarde en la Fundación Canal viendo la exposición de Chagall y había bastante gente. En la primera sala una visita guiada, de manera que como no me gusta escuchar explicaciones me voy a la siguiente sala; luego volveré a ésta. En la segunda sala otra visita guiada y, los que no son del grupo, también se explican unos a otros qué están viendo.
No me gusta que otros, aunque sepan de cualquier tema más que yo, me cuenten su interpretación de nada que yo oiga, escuche, mire, huela o saboree.
Así que he mirado, por mi cuenta, cien láminas enmarcadas con su leyenda al lado y con su título, su fecha, y su técnica.
Algunas leyendas las leo; otras me las salto.
Por supuesto que me estaré perdiendo mucho de la simbología de lo que se ve en las láminas, y que cuando llego a la sala de “Las almas muertas” – inspiradas (las láminas) en la novela de Gogol – no se ver la concordancia entre lo que representan y los pasajes correspondientes del libro, y no sólo porque no haya leído el libro sino porque tampoco sabría establecer una diferencia de criterio para comprender que son distintas de la serie – en otra sala – dedicada a pasajes y personajes bíblicos.
Mientras miro considero pensativa si es tan importante “saber” qué es exactamente – o “realmente” – lo que representan o significan los dibujos.
 La intención, la voluntad consciente o inconsciente, que movía a Chagall a la hora de dibujar (en el instante mismo de dibujarlo, no cuando lo explicase a otros a posteriori) entiendo que nada más él podría saberla.
Pero, un especialista, un entendido, por mucho que sepa…
Cuando llego a la puerta por la que debo salir, la misma por la que entré, veo que ya hay bastante más gente, y otra vez visitas guiadas, y un grupo de señoras de mi edad – de esas que van en grupo a todas partes – se dispone a entrar.
¿Sabrán interpretar lo que vean mejor que yo?
Camino hasta el Metro y mientras me muevo por los pasillos voy preguntándome qué pasa conmigo, por qué soy tan reacia a apreciar como más valiosos que los míos los criterios de otros. Preguntándome también por qué no experimento (nunca) una emoción distinta, o más profunda, frente a una obra de arte que frente a la de un niño.
Quizás por eso soy tan benevolente, aunque no lo entienda, con todo lo que veo dibujado (más, no sé cuál pueda ser la razón, que con lo que escucho o leo), sin considerar si tiene calidad o no la tiene y considerando sí y sólo que por más – en el caso del niño – que nada más esté siendo un garabato lo que no puede negársele es que es único. Y que nunca, sobre ningún otro papel, existirá ese mismo trazo.
Pero las personas acuden a las exposiciones, no hurgan en las papeleras buscando dibujos de niños…
En estas cavilaciones andaba cuando al levantar la vista me percato de que en las paredes del pasillo hay unos paneles, grandes, no de publicidad como pudiera esperarse, sino de fotografías ampliadas, muy ampliadas, hechas con teléfonos móviles.
Empecé entonces a pasearme, de panel en panel, como si estuviera en una exposición que yo hubiese elegido visitar, y me hubiera vestido y calzado y colgado el bolso al hombro para acudir exactamente a la estación de Metro de Plaza de Castilla, para ver en concreto aquellas fotografías y ninguna otra cosa…
Saqué mi tableta del bolso he hice fotografías a las fotografías; esquivando a los viajeros que – muy corteses muchos de ellos, lo que me sorprendió (gratamente) – se detenían para no estropeármela, o daban la vuelta por detrás de mí y, lo que más me sorprendió, es que me miraban, sorprendidos. Sorprendidos quizás porque me paraba a hacer fotos en el metro, me miraban a mí, a quien hacía las fotos, pero no a las fotos que fotografiaba.
Pensé entonces que tal vez algunos de aquellos transeúntes apresurados que no miraban las fotografías se habían vestido, y calzado, y salido de sus casas y viajado en Metro para ir exactamente a la Fundación Canal para ver la exposición de Chagall y ninguna otra cosa…
¿Tendrán esas personas una sensibilidad de la que yo carezco, o una sensibilidad tan diferente de la mía que les permita contemplar con emoción distinta, o más profunda, la obra de arte que es reconocida como tal a la experimentada frente a la que no goza de reconocimiento?

Nota: Habría, también, quien fuera a tomar el metro para asistir a un concierto.





domingo, 10 de enero de 2016

Texto 10.7

Publicado por  el ene 10, 2016 en Prólogo a la carta número diez. El libro de los compromisos.

10.7 “Pero en este tiempo hay otro tipo de arquetipos conscientes, indiciados por las conveniencias tendenciosas de intenciones interesadas; son los modelos o estereotipos que apresan al hombre entre dos mundos: lo colectivo aparencial y la imagen de espejo de un sueño”.
arquitecturas 2000

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