viernes, 30 de septiembre de 2016

Alegato en octosílabos

Cuando por fin despertaron/ los que comieron perdices/ comprobaron desolados/ que estaban en los confines/ de un cielo que anubarrado/ cubierto de nubes grises/ se desplomaba inclemente/ sobre un mundo sin sentido/ de la piedad que bendice/ a los que comiendo poco/ con mesura y con respeto/ a qué la tierra nos brinde/ en cada estación del año/ y allá do cada cual vive/ con su frugalidad miden/ cuánto de más ingiriendo/ devorando como buitres/ los que viven solamente/ para sí y para sus fines/ no estarán contribuyendo/ a que en el mundo agonice/ el pudor tan necesario/ para comprender que existe/ un algo más que la panza/ que llenar sin que ello diste/ de alimentar dónde habita/ el alma inmortal que añora/ de su cárcel verse libre/ y remontarse liviana/ ligera no como pluma/ sino como esencia misma/ de su creador del que emana/ y en que aún sin sentir reside/ por encima de pasiones/ espesas y abigarradas/ para alcanzar ya sin peso/ ni su envoltura de grasa/ los confines de otro cielo/ desconocido por quienes/ dependientes de las carnes/ propias y las que son viandas/ en la condición humana/ estamos aún confinados/ lo mismo que está la mosca/ presa de tela de araña.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Texto 11.15

Publicado por  el Sep 11, 2016 en Undécimo mensaje. Las cárceles de la razón. 

11.15 “Quizá la Humanidad esté lastrada por una historicidad psíquica que ha contaminado de impostura gran parte de los comportamientos que aparecen como normales. Tener capacidad simbólica facilita poder ser manipulado por los símbolos o los contenidos de las palabras; puede que la mayoría se implique de forma mimética en esa manipulación, como si les hubiera tocado seguir el rastro de la lámpara en la procesión de la noche oscura”.
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Desde el punto de vista de lo personal, esa bienaventurada y milagrosa capacidad que tenemos los humanos para dotar de significados abstractos ciertas formas y sonidos, de convertir en signos las cosas y los modos, y de interpretarlos racional y emocionalmente más allá de lo meramente tangible, tiene, como explica el texto, sus compromisos. Podemos ser pastoreados, podemos dejarnos atrapar por interpretaciones y lecturas simplistas e interesadas, quizá posibilitadas por el mal uso de ese poder que tiene nuestra mente de acumular memorias resabiadas y por cierta vieja tendencia a la comodidad de preferir lo malo conocido a lo bueno por conocer. Negarnos a la permanente aventura del pensamiento.
En lo social, o incluso en lo político, estamos hartos de oír y leer aquello de que el pueblo que no conoce su Historia está condenado a repetirla. Frase que queda muy bien en general, que supuestamente nos hace meditar acerca de lo sucedido en generaciones anteriores a la nuestra, pero que llega a parecer un eslogan publicitario cuando surge de la boca del profesor de Historia de cualquier instituto de enseñanza secundaria. Y sin embargo es justamente al revés: se empeñan en enseñar la Historia de tal modo, con tanta parcialidad y favoritismo, con tanta falta de real ecuanimidad, que están inoculando en la ciudadanía, desde su más tierna infancia, las ansias de repetirla. ¿Con el propósito de corregirla? ¿Con anhelos de venganza? ¿Para conjurar el miedo a que se repita, con lo que la reincidencia del modelo está servida? Esto es así desde tiempos inmemoriales y en cada uno de los rincones del planeta, mera e inevitable consecuencia de la pretensión de una identidad nacional o tribal.
La gran impostura de la identidad grupal, que siempre se ha fabricado a base de mitos, leyendas, cánticos, danzas y representaciones rituales… y que ahora se ha llegado a sofisticar tanto que se recrea y se amplifica, con nuevos barnices cientificistas, dentro de los pétreos muros de las Universidades.

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