sábado, 9 de septiembre de 2017

Sin título ni falta que hace

Ayer estuve en el Thyssen porque quería ver El Renacimiento en Venecia.
Digo quería y es mentira y gordísima, que en realidad malditas (diría jodidas, pero quiero ser prudente porque estoy comentando en un blog que no es mío) las ganas que tenía de ver exposición ninguna y, menos, del renacimiento italiano, que hay que fastidiarse lo fea que es toda la gente que sale retratada en (por lo general) todos los cuadros que en el mundo han sido y, en particular, las de los del renacimiento italiano.
Bueno, había una señora guapa, muy guapa, bastante carnosita, sí, muy escotada, que en ese letrerito que siempre va al lado de todo cuadro de museo, se explica que es mujer joven denominada “La bella”. Prueba inequívoca e irrefutable de que mi afirmación es rigurosamente cierta.
Y, oye, a mí la pintura es fácil que me guste, aunque suelo preferir esa un poquito irritante en la que como título lees “hombre de mediana edad parado con su coche en un atasco contestando que no al vendedor de clines del semáforo” y, cuando vas y miras “¿Dónde están el hombre, ni el coche que conduce, ni el vendedor, ni los clines, ni el semáforo?” pero, a mí por lo menos, me resulta estimulante porque como la tonta del bote que seré toda la vida me pongo afanosa a querer encontrarlos y, no, no los encuentro, pero a mí me estimula y como que me infunde, en el cuerpo, en mi ánimo, en la sangre, un no sé que de vidilla…
Y a esas gentes feas del renacimiento italiano no es que me moleste especialmente el cruzármela, pero, eso… Cruzarmela y seguir mi camino…
Quiero decir:
En el Carrefour, sin ir más lejos. Pues yo miraría (con agrado incluso) a Francesco María della Róvere, duque de Urbino, de Tiziano – que me sé todo eso porque me quedé con el programa y lo estoy leyendo – si me lo encontrara, allí, tan serio y tan bien plantado (pero tan feo), con su marco y todo, entre los champús contra la caspa y los quesos gouda… Aunque nada más es un ejemplo claro, que no me parecería ni pizca más de mal el encontrármelo entre las hortalizas y los congelados…
¡¡¡Pero a él sólo!!!
En los museos, en las salas, como en esto que digo de ayer, por otro ejemplo, salas y salas (que la exposición para quien no la haya visto y está a tiempo, hasta el 24 de este mes, ya le aviso que es amplia) de retratos de personas que, aunque fueran guapas…
Y es que el mundo de eso que denominamos “cultura” está a mi muy humilde entender terriblemente mal organizado. Que no me extraña que la gente termine estragada y hasta las narices como (recuerdo) cuando hace muchos años (en Venecia, precisamente, que aun con mi aversión a las maletas y lo poco que me he movido por el mundo en Venecia si he estado) veías a la turistada tirada por los suelos, despatarrada y derrengada, de la galería de los Uffici clamando con lágrimas en los ojos y voz gimiente “si me enseñan otra madonna con bambino me terminaré pegando un tiro”.
Y es que es un poquito el colmo… ¿O no?
Ayer hubo algún momento en que pensé “salgo, respiro un poco en el jardín, y descansada vuelvo a entrar”. Pero recordé que a la entrada, donde hay una señorita muy educada que te sella la entrada (que es que se llaman igual) había leído un letrerito que advertía de que si salías no podías volver a entrar. Así que me aguante y seguí, seguí, seguí, viendo también las armaduras que llevan puestos los señores feos y que (lo sé porque lo leí en los letreros) tienen muchísimo mérito porque pintar los reflejos de la luz sobre el metal (que no es metal, que también es pintado) es muy difícil. Perro ni la contemplación de tal prodigio me maravillaba ni me consolaba. Yo sólo quería terminar y marcharme….
Y al final terminé, y salí, y alcancé la calle no sin antes (eso sí) verme obligada quisiéralo o no a atravesar la tienda de los souvenires porque (eso también) la salida de conduce ineludiblemente y sin escapatoria a ella.
Y, bueno, que estoy hablando de exposiciones y pintura,, que si me metiera con el tema de la literatura que es de verdad lo que a mí me hace tilín… O de cualquiera otras expresiones, y manifestaciones, de cualesquiera de las artes.
Que todo esto, a todo esto, lo he escrito yo por mi cuenta y a mi aire y sin más intención que colocarlo en alguno de mis blog. Pero como ni en mis blogs ni en mis páginas he tenido nunca ni tendré jamás visitantes me he dicho “oye, pues ponlo aquí en este artículo en el que más o menos y aunque sea pelín de canto encaja”.
Y de paso, si alguno lo leéis, daño propiamente no es que haga (creo) y (de otro paso) quien lo lea desengrasa un poquito, se toma un respiro, que hay que ver lo sesudos e intelectuales que (unos más que otros, pero señalar está muy feo) os ponéis.
Y (de un tercer paso) lo mismo hay hasta quien se ría un poquito. Aunque hay alguno que o no lo necesita o sí por lo menos menos que otros. Que suele tener un humor y un sentido (del humor) excelente. Y se pasa la vida riendo.
Nota: Van en el lote, seguro, erratas y faltas de ortografía. Pero es que releerme a mí misma me da más pereza (si cabe) que tragarme una exposición entera aunque sea muy buena y muy bonita.
Hala.

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